sábado, 15 de diciembre de 2007

Regalo de Navidad

EL INFIERNO DEL CONTADOR DE CUENTOS

Este es mi regalo de Navidad para todos aquellos que, alguna vez, le contaron un cuento a alguien. G.V.


Había una vez un pichón de narrador oral que, un buen día, decidió iniciar un viaje hasta el Olimpo de los Contadores de Cuentos. Fue una travesía larga y muy agotadora. Después de mucho caminar y de mucho escalar, el pichón por fin llegó a las Puertas Doradas del Olimpo.

Timbre no había. Sin embargo, las Puertas Doradas se abrieron y lo dejaron pasar. Ahí nomás lo esperaba el Dios del Olimpo, porque el Guardián de las Puertas del Olimpo, ese día, tenía franco.

El pichón lo miró al Dios del Olimpo. Era un anciano frágil, pero de apariencia amenazadora; flaco; todo blanco; la túnica; el pelo lacio y largo; la barba, más larga todavía; el bastón; todo blanco. Salvo los ojos, negros, que lo miraban fijo al pichón. Lo miraban... feo.

–Buenas –dijo el pichón–. Yo soy...
–No me interesa tu nombre –le dijo el Dios del Olimpo con toda su olímpica frialdad–. ¿Para qué viniste?
El pichón tragó con fuerza, lleno de miedo, pero juntó coraje y dijo:
–Quiero ser narrador oral.
–¿Otro más? ¿Qué, hay una moda ahora? ¡Psss! –resopló–. ¿Así que querés ser contador de cuentos, vos? ¿Y cuántos relatos tenés en tu alma?
–Ehhh.... me sé...
–No, salvaje. No te estoy preguntando cuántos te sabés de memoria. Quiero saber cuántos viven en vos.
–Ah ... eh .... tres.
–¡Tres! ¡Y para esto me despertaste de la siesta! –tronó el Dios del Olimpo, mientras se mesaba las barbas para descargar la furia.
–Bueno, perdóneme, es que a mí me gusta mucho contar. Y me hace bien. Y la gente me quiere...
–Esto no es terapia –silabeó en forma amenazadora el Dios del Olimpo, mirándolo fijo al pichón, quien ya sentía que se le estrujaba el estómago.
–Este... yo quiero contar –musitó el pichón.
–¡Callate! Mirá, si vos querés ser contador de cuentos, primero tenés que pasar por las tres pruebas del cuentero.
–¿Qué es eso?
–¡¿Quién habrá sido el profesor de esta bestia?! –se enfureció el Dios del Olimpo. Hacía mucho que no se enojaba–. Mirá, mejor callate. Y oíme bien. Si querés contar cuentos, primero tenés que pasar por la prueba del fuego, la prueba del agua y la prueba del aire.
–Pero eso no estaba en el programa de estudios del Centro Cultural que me dieron a mí. Y dígame, ¿esto tiene algún costo adicional, además de la cuota mensual?
–¡¿Qué hice yo para merecer esto?! –se preguntó el Dios del Olimpo, tirándose de los pelos con minuciosidad– ¿Qué cuento habré contado mal? –clamó, alzando los brazos al cielo–. Oime –se dirigió al pichón–, ¿vos querés contar cuentos, sí o no?
El pichón tragó con fuerza y reunió valor.
–¡Sí!
El Dios del Olimpo tronó los dedos.

El pichón se encontró, de pronto, a bordo de la nave de los cuentos, que surcaba un mar azul. Frente a él, sobre cubierta, estaban sentados todos sus amigos y varios desconocidos también. Demasiados. Y el pichón supo, no se sabe cómo, que tenía que contar sus tres cuentos. Envalentonado, se plantó frente a la audiencia y empezó con el primero, que en el taller de narración oral al que asistía había tenido un éxito fabuloso.

Pero ahí no.

Era un cuento para reír, pero nadie se rió a bordo de la nave de los cuentos. El público lo empezó a mirar con fastidio, a pesar de las ganas y de los esfuerzos del pichón, que jadeaba y transpiraba como un mártir. Cuántas más ganas le ponía a la historia, peor le iba. La gente ya lo miraba con cara de estar oliendo caquita. La nave de los cuentos navegaba cada vez más despacio. El pichón vio como dos de sus amigos encontraban tremendamente fascinante una de las tablas de la cubierta del barco y no apartaban los ojos de ahí, embelesados, mientras el pichón contaba. Y no lo miraban. El pichón ya sudaba a mares. La nave de los cuentos se detuvo con un sacudón y se empezó a ladear peligrosamente.

El pichón vio como una amiga muy querida se acomodaba en su asiento para escucharlo, porque tenía muchas ganas de que le contaran un cuento. Pero se acomodó tan bien, tan a gusto que, poco a poco, empezó a cabecear. Y, hay que reconocerlo, esa mujer hacía grandes esfuerzos para mantenerse despierta, pero el sueño la vencía y ella se desnucaba en su asiento. Y después trataba de despertarse, pero de nuevo cabeceaba y le corría un hilo de baba por el mentón.. El pichón, con la remera mojada por la transpiración que se le pegaba a la espalda, no podía apartar los ojos de esa mujer que cabeceaba; era un imán, lo tenía hipnotizado. La nave de los cuentos comenzó a hundirse, lenta e irremediablemente.

Sin embargo, el pichón terminó el primer cuento en medio del naufragio. “¿Qué estoy haciendo acá?”, se preguntó horrorizado y con el agua que le subía por los tobillos. Estaba colorado por el esfuerzo y el sudor le corría a chorros por la cara. Entonces...

El pichón se encontró otra vez ante el Dios del Olimpo, que estaba tejiendo una carpetita al crochet de una madeja que le sostenía Pulgarcito, sentados los dos a la sombra de un jacarandá en el patio del Olimpo. El Dios del Olimpo tenía que hacer algún trabajito de motricidad fina, para armonizarse los nervios que le había alterado el pichón.

–No doy más. Estoy deshidratado y tengo la boca reseca –gimió el pichón, ya sin fuerzas.
–Jodete –le dijo el Dios del Olimpo con toda su olímpica frialdad, sin levantar la vista del tejido, para que no se le perdiera ningún medio punto–. Vos querés ser contador de cuentos, ¿no?

El Dios del Olimpo tronó otra vez los dedos y el pichón se encontró, de nuevo, a bordo de la nave de los cuentos.

Todo parecía estar en orden. La nave surcaba el mar azul con suma tranquilidad bajo un cielo despejado. Ni rastros del naufragio, como si nada hubiera pasado. Entonces, el pichón supo que tenía que volver a contar.

“No importa. Ahora viene el segundo cuento”, se dijo. “Todo va a ir mejor, porque esta vez sí que se van a reír. Este cuento es mortal.”

Y sí, fue mortal.

En el sentido estricto del término.

No bien empezó a contar, algunos desconocidos lo empezaron a mirar con los ojos vidriosos. Otros, con lástima. Algunos, directamente apartaban la vista. Un viejo le bostezó en la cara con todo desparpajo. El pichón se empezó a molestar. Una señora mayor de la primera fila cuchicheaba animadamente con el señor que tenía al lado. El pichón comenzó a calentarse a fuego lento y firme, al estilo caldero ardiente y beligerante. En eso sonó una campana. “¡Justo ahora!”, se horrorizó el pichón. “¿Qué más puede salir mal?”

Mucho.

Había un perro sentadito entre la concurrencia, un border collie, precioso el bichito lindo, que cuando escuchó sonar la campana, salió ladrando y corriendo enfurecido. Casi se lo lleva puesto al pichón, que siguió contando, caiga quien caiga, aunque fuera él mismo. El pichón sentía que la sangre se le subía a la cabeza, que estaba a punto de estallarle. Pero siguió contando.

El perro regresó a su lado y le empezó a hacer fiestas. Como el pichón no le hacía caso, el border collie se puso panza arriba frente a él y lo miró con sus grandes ojos inocentes y con la lengua afuera. Como el pichón no le daba ni la hora y seguía contando, el perro se incorporó, se sacudió el pelaje largo con fuerza y con mucho ruido, levantó la patita y le orinó una pierna al pichón.

El pichón trató de serenarse.

No lo consiguió.

Por suerte le sacaron al perro de entre las manos antes de que lo transformara en carne picada para mascotas.

Mientras el pichón seguía contando enardecido, a pesar de todo y contra todo, volvió a sonar la campana. Esta vez alguien quería subir a bordo. Era otra amiga suya, una descolgada que llegaba tarde a la contada. Unos marineros izaron un bote salvavidas con esta muchacha, que subió a cubierta parloteando sin cesar con su vocecita de barrabrava que se escuchaba hasta Santa Fe. La provincia argentina, no la calle. Y nadie le dijo que se callara la boca.

El pichón, rojo de rabia, en ese instante se dio cuenta de que no era muy conveniente empezar a asesinar a la concurrencia, a pesar del fuego que lo consumía por dentro. Esta mujer se sorprendió mucho al caer en medio de una presentación de narración oral, porque nadie le había avisado nada. No supo qué hacer. Entonces se paró al lado del pichón, a quien ya se le estaban por reventar las venas del cuello, de tanta presión acumulada. La muchacha empezó a titubear y a hamacarse al lado del pichón, para adelante, para atrás, que entro, que me voy, que sí, que no. Hasta que, por fin, decidió no molestar y sentarse en la única silla disponible: la que estaba a un costado del pichón, donde él iba a apoyar el traste dentro de exactamente tres minutos para contar otro cuento.

–¡No, en esa silla no! –gritó, tirándose de los pelos.

Por suerte le sacaron a esa mujer de entre las manos antes de que la estrangulara.

El pichón, entonces, buscó fuerzas no supo de dónde y siguió contando. A pesar de todo, del calor que tenía; la cabeza que le explotaba; la garganta reseca; la furia; las ganas de llorar, de matar o de matarse. Hasta que, por fin, terminó su segundo cuento. Y, de puro coraje, locura o desesperación, decidió seguir con el tercero. Agarró la silla y...

El pichón se encontró, de nuevo, ante el Dios del Olimpo, que estaba sentado en el patio del Olimpo, esta vez cebando mate y comiendo budín marmolado.

–¿Y, che, qué tal te fue? –le preguntó el Dios del Olimpo con toda su olímpica frialdad.
–Un horror. Pasó que...
–No me cuentes lo que yo ya sé –lo reprendió el Dios del Olimpo–. ¿Cómo te sentiste?
–¡Horrible! Primero sentí que me hundía; y después, que reventaba, que por poco ardía en llamas.
–Pero no te hundiste. Y no explotaste.
–No.
–Seguiste.
–Sí.
–¿Por qué?
El pichón dudó unos instantes, rebuscando en su interior.
–Porque quiero contar –respondió al fin en voz baja.

El Dios del Olimpo sonrió, tal vez recordando algo. Entonces, tronó los dedos. De la nada apareció flotando un sombrero cónico azul con estrellas doradas, que descendió lentamente hasta posarse sobre la cabeza del pichón, quien supo, sin que nadie se lo dijera, que ese era el sombrero del aprendiz de mago, que el Dios del Olimpo de los Contadores de Cuentos le daba como regalo.

El Dios del Olimpo volvió a tronar los dedos y el pichón se encontró, una vez más, a bordo de la nave de los cuentos, ante la misma concurrencia, como si nunca se hubiera ido. Pero ahora el pichón tenía puesto el sombrero del aprendiz de mago y supo que nada podría salir mal. Agarró la silla y se sentó para contar su tercer cuento. Y al acomodarse en su asiento, se dio cuenta, sin que nadie se lo avisara, de que esa era la silla vacía del cuentero.

El pichón, por primera vez, respiró. Se llenó los pulmones de aire y narró desde la silla. Las velas se hincharon. La nave de los cuentos empezó a navegar cada vez más rápido. El pichón contó su tercer relato, uno lleno de magia, y con el sombrero cónico azul con estrellas doradas hechizó a la audiencia.

Vio como los ojos desganados que tenía enfrente se llenaban de interés. A la gente le gustaba la historia. La magia fluyó a través de él, y no hizo nada para obstaculizarla. El cuento cruzó por él y le dio ternura a uno, le tocó el alma a otro, por más que se la quisieran esconder. Hizo brotar una lágrima en unos ojos secos y aparecer una sonrisa en unos labios cansados que ya no se acordaban de lo que era sonreír. La historia pasó y los inundó a todos. La nave voló con las velas al viento. El pichón se sentía flotar a diez centímetros de las tablas de cubierta, hasta que el cuento terminó en medio de aplausos sinceros.

Y entre la concurrencia que se acercaba para saludarlo, felicitarlo, besarlo y pedirle autógrafos, el pichón divisó a Melina.

Melina.

Era su compañera del taller de narración oral, una chica muy bonita que, cuando le sonreía, él automáticamente se transformaba en un infradotado. Cuando la miraba, le temblaban las manos, tanto que se las tenía que meter en los bolsillos, para que no se le notara. Cuando ella se fijaba en él, el pichón se ponía muy torpe, más que de costumbre, hasta se llevaba los muebles por delante. Cuando Melina le hablaba, se le secaba el cerebro y era incapaz de articular ni una sola frase brillante; solo tartamudeaba como un idiota. Después se quería matar, pero ya era tarde. Melina se iba con sus amigas del taller o estaba charlando con otro pichón de narrador oral, un rufián vanidoso que contaba cuentos difíciles de Borges para levantarse a las minitas ilustradas.

Pero ahora Melina venía hacia él sonriéndole, para felicitarlo por su cuento. El pichón se infló. Melina se acercó. Él sintió ese perfume a vainilla que siempre lo volvía loco y comenzó a levitar. Y se aprovechó.

Dejó que ella lo halagara como si fuera, para él, la cosa más natural del mundo. ¡Tantas lo hacían! Los elogios de Melina le cayeron como un bálsamo etéreo y lo hicieron flotar. Se sentía diez centímetros más alto, con diez kilos más de músculos de gimnasio. A Melina, por fin, la tenía muerta a sus pies.

Se pavoneó ante ella como Tom Cruise, sacó pecho a lo Vin Diesel y con voz aterciopelada símil George Clooney le dijo:

–¿Querés que te cuente un cuento a solas, mamita?

Cuando terminó de girar por la cachetada que le pegó Melina, el pichón se encontró otra vez ante el Dios del Olimpo, que lo miraba feo y con los brazos en jarra, en medio del patio. El Dios del Olimpo ya estaba montando en Cólera, Exasperación, Ira, Furia e Indignación. La tropilla completa, bah.

El pichón agachó la cabeza. No soportaba esa mirada recriminatoria.

–Ya sé, ya sé, no me lo merezco –lloriqueó, mientras se quitaba de un manotón el sombrero del aprendiz de mago y se lo alargaba, para devolvérselo.

El Dios del Olimpo sonrió, tal vez recordando algo. Fue algo más fuerte que él. No recuperó el sombrero. No quiso. Más bien tronó los dedos.

Y el pichón de contador de cuentos se despertó en su cama. Estaba sonando el despertador. Eran las seis y media de la mañana. Era lunes y se tenía que levantar para ir al trabajo. “¡Che, qué cosas que sueño!”, rezongó. “No tengo que comer tan pesado de noche.”

Entró a los tumbos en el baño y, cuando se miró de refilón en el espejo del botiquín, creyó ver que traía puesto un sombrero cónico azul con estrellas doradas que, poco a poco, desapareció.


© Gabriela Villano. 2005.
Se autoriza la difusión sin fines comerciales, sin omitir la fuente.
Para Reyes se viene la segunda parte.

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martes, 20 de noviembre de 2007

Taller de escritura de cuentos 2008

Para todos aquellos que se entregan, o que se quieren entregar, a la bendita manía de escribir historias, sin importar cómo les salga, presentamos este taller práctico de escritura enfocado en el análisis de los cuentos producidos por los participantes, según consignas semanales (elementos disparadores). Se incluirán ejercicios mensuales para desarrollar la autoconciencia y sintonizarse con los sentidos. Se analizarán cuentos de autores prestigiosos, que presentan recursos técnicos interesantes para mejorar la expresión por escrito de los participantes.

Se ofrecerán recursos y herramientas para “aflojar la muñeca” y generar un texto claro, coherente y atractivo dentro del género cuento, a través de una serie de experiencias prácticas de escritura narrativa y ejercicios destinados a estimular la imaginación, percepción, sensibilidad y creatividad. También se desarrollará la capacidad de evaluación crítica y de corrección del texto propio.

Este taller para adultos será un espacio de experimentación agradable y respetuoso, para que el participante pueda aprender de sus aciertos y vacilaciones, y pueda alcanzar la certeza de estar haciendo narrativa (escribir no es una batalla solitaria).

Duración: Módulo 1: de marzo a julio. Módulo 2 (para los que terminaron el 1): de agosto a noviembre.

Frecuencia: una clase semanal de dos horas de duración en cada módulo.

Lugar: Centro Cultural de la Manzana de las Luces, Perú 272, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Coordinadora: Gabriela Villano, escritora, narradora oral. (Para ver sus antecedentes, hagan clic en la etiqueta “Quién soy” al final de esta entrada.)

REQUISITOS:
Hablar y escribir con fluidez en castellano.
Tener ganas de trabajar con la palabra escrita.
Tratar de superar el miedo y la pereza cotidianas.

En febrero de 2008, se definirá el día, el horario y el arancel del taller, y se ofrecerá una charla abierta y gratuita para presentarlo. Estén atentos. Mientras tanto, entibien las plumas y cuéntenle a sus amigos.

Cuidemos el idioma 7

“Los valores de una sociedad también se reflejan en la lengua que hablan sus componentes, en el modo de decir las palabras, de elegirlas, en la entonación y hasta en los gestos que las acompañan. Lengua es el periódico, la revista de moda, el mensaje electrónico, la publicidad, la receta de cocina, el coloquio callejero o empresarial; lengua es la labor del aula, la investigación científica, el ensayo filosófico, la novela premiada y el poema que crece serenamente desde la sangre que se deja florecer. Todos somos palabras, pues nacimos de ellas, vivimos de ellas y sentimos con ellas y por ellas. Hablando y escribiendo proclamamos, casi sin notarlo, nuestra existencia y buscamos un lugar para instalarnos en este refugio pequeño y fugaz, que llamamos mundo y que imaginamos infinito, y hasta veneramos. Un mundo que se llena de palabras sin sueños porque no creemos ya en esos sueños, surtidores de nuestros lejanos silencios.
(…)
“Cuando nos referimos, sin pretensión de ser solemnes, a la dignidad en el decir, no apuntamos a un ideal de lengua, sino a actos de habla y de escritura ordenados, prolijos, entendibles, límpidos; a lo que se sabe o debería saberse, pero no se practica.
(…)
“¿Por qué muchas personas habrán perdido el afán de hablar bien y de escribir mejor? ¿Por qué no corrigen lo que escriben? ¿Cuánto les importa su lengua, es decir, su identidad? ¿Por qué participan, hasta con aplausos, de la mediocridad lingüística que, a veces, ofrecen los medios de comunicación?
(…)
“En las entrañas de la voz «error», late la frase de nuestros días: la cultura ocupa tiempo, y no hay tiempo para la cultura, que siempre ha sido la pariente pobre.
(…)
“Si escudriñamos el sustantivo «error», advertimos que contiene el verbo «roer», que denota, en una de sus acepciones, ‘gastar’: el error roe los vocablos hasta dejarlos sin la carne que los sustenta y sin el alma que los espiritualiza. Es la esclerosis de la lengua. Se yerra, porque no se sabe.
(…)
“Debería imitarse la obstinación de algunos árboles centenarios que, desgajados por el viento, no se desarraigan de su tierra, porque creen en sus raíces y las defienden y las fecundan con su esperanza vegetal. Ése es su lenguaje; ése es su compromiso con la naturaleza.”

Dra. Alicia María Zorrilla, miembro de la Academia Argentina de Letras, en El error, el humor y la norma lingüística.

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Crónicas contables 10

Hoy: de palabras, cuentos y sones.

Por las vueltas de los cuentos, la narradora oral Lili Meier fue una de las profesionales argentinas invitadas recientemente al Festival de Narración Oral “Palabras de Invierno”, que se realiza todos los años en Cuba.

Este evento nacional tiene especial importancia dentro del mundo de la literatura. Este año fue dedicado a la figura del poeta y cuentista cubano Eliseo Diego y, como homenaje, al Che Guevara, a cuarenta años de su muerte. Fue así que se dieron cita narradores orales de todo el país, que fomentan el gusto por el cuento y por la narración oral.

Durante siete días, Cuba fue una fiesta de palabras. La isla se llenó de contadores de cuentos que llegaron a todos los barrios de la ciudad con sus historias, a las plazas públicas, escuelas, casas de cultura, centros de trabajo y calles. Lili Meier, de gira con sus cuentos lanzados al aire cálido, no sólo se encontró con narradores orales de reconocimiento internacional, amén de artistas plásticos de envergadura y personalidades de la cultura, sino también con contadores de cuentos espontáneos en las calles de Cuba, que querían compartir sus historias con los invitados nacionales y extranjeros. Allí se respira la cultura hasta en las calles.

También resultó novedoso para nuestra representante narrar con guajiros, que cuentan en décimas (algo parecido a lo que hacen los payadores del campo argentino, salvando las distancias). Fue impactante, según Lili, verlos improvisar en décimas entre ellos (tarea para nada sencilla), lo cual es parte de la cultura guajira tradicional.
Otra curiosidad en Cuba es que el aplauso tiene pausa y ritmo, según Lili. (¿Alguna vez le han prestado atención a cómo aplaude la gente?) Todos lo hacen al unísono de manera espontánea, pero armónica, como si fuera una acción colectiva incorporada. Y con son, por supuesto.

Parece ser que Cuba es una isla fuera de lo común para el viajero no habituado. A pesar de las dificultades por las que atraviesa el país, que no cualquier pueblo puede sostener, a Lili le sorprendió el poder de la palabra, que vive en Cuba. Se maravilló al percibir la gran red social de los cubanos, “que saben que de ahí no se caen. Y no es sólo el Estado, son ellos y es entre ellos que se construye esa red.” También la atrapó la extraña dignidad del cubano, la educación y la cultura que ostentan con donaire y que, juntas, reivindican lo que es ser humano. El arte de la conversación está en la isla, porque los de allí saben escuchar al otro y le conversan, prestando una atención profunda. “Hay mucho contacto”, comentó Lili, “Mucho mirarse profundamente y hablar a los ojos, escuchándose. No existe la urgencia, sólo el encuentro”, concluyó.

En teoría, Lili Meier partió hacia Cuba el 27 de octubre y estuvo allí unos quince días. El domingo 18 de noviembre, después de que coordinó su Rueda de Cuentos en el Centro Cultural Marcó del Pont en Flores, Buenos Aires, me fui con ella a una heladería a hacerle este reportaje informal (me encanta mezclar trabajo con placer). Juro que Lili estaba sentada a mi lado en la heladería, pero me parece que todavía está en Cuba. Cosas de cuentos.

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Dicen los que saben 8

En “La novela: Prólogo a Pedro y Juan”, Guy de Maupassant nos dice sobre los lectores y, de paso, los críticos literarios:

“El lector, que únicamente busca en un libro satisfacer la tendencia natural de su espíritu, pide al escritor que responda a su gusto predominante y califica invariablemente como bien escrita la obra o el párrafo que agrada a su imaginación idealista, alegre, picaresca, triste, soñadora o positiva.


“En suma, el público está compuesto por numerosos grupos que nos gritan:

«Consuélenme.»

«Distráiganme.»

«Entristézcanme.»

«Enternézcanme.»

«Háganme soñar.»

«Háganme reír.»

«Hagan que me estremezca.»

«Háganme llorar.»

«Háganme pensar.»


“Tan sólo algunos espíritus selectos piden al artista: «Escriban algo bello, en la forma que mejor les cuadre, según su temperamento.»


“El artista lo intenta y triunfa o fracasa.


“El crítico sólo debe apreciar el resultado con arreglo a la naturaleza del esfuerzo; y no le asiste el derecho a preocuparse de las tendencias.


“Esto se ha escrito ya mil veces, pero habrá que seguir repitiéndolo”.


De paso, también nos da estos consejos para escribir, que bien pueden aplicarse a la labor del narrador oral:

“Sea lo que queramos decir, existe una sola palabra para expresarlo, un verbo para animarlo y un adjetivo para calificarlo. Por lo tanto, es preciso buscar, hasta descubrirlos, esa palabra, ese verbo y ese adjetivo, y no contentarse nunca con algo aproximado, no recurrir jamás a supercherías, aunque sean afortunadas, a equilibrios lingüísticos para evitar la dificultad.


“Se pueden traducir e indicar las cosas más sutiles aplicando este verso de Boileau: ‘Mostró el poder de una palabra colocada en su lugar’.


“No es en absoluto necesario recurrir al vocabulario extravagante, complicado, numeroso e ininteligible que se nos impone hoy día, bajo el nombre de escritura artística, para fijar todos los matices del pensamiento; sino que deben distinguirse con extrema lucidez todas las modificaciones del valor de una palabra según el lugar que ocupa. Utilicemos menos nombres, verbos y adjetivos de un sentido casi incomprensible y más frases diferentes, diversamente construidas, ingeniosamente cortadas, repletas de sonoridades y ritmos sabios. Esforcémonos en ser unos excelentes estilistas en lugar de coleccionistas de palabras raras.”

El escritor francés Guy de Maupassant (1850-1893) fue uno de los padres del cuento moderno.

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Reflexiones: La estructura de los cuentos a partir de lo sexual (tercera y última parte)


Semejanzas entre el acto de escribir y el acto carnal. Clases de comportamiento “amatorio” de los cuentos, según este paralelismo jocoso y de buen gusto.

Como les dije en la primera parte de esta serie de artículos, estas reflexiones biológicas y orgánicas se basan en mi experiencia como lectora feroz, cuentista, narradora oral, correctora de originales y traductora literaria. No pretendo presentarme aquí como la inventora de la pólvora, sino compartir con ustedes algunas reflexiones que he acumulado, después de vagar mucho y con placer por el fabuloso mundo de los cuentos.

Cabe aclarar que, en estas reflexiones, no vamos a poner bajo el microscopio los cuentos enrolados en el género erótico, sino que examinaremos las estructuras de armado o confección de los relatos en general y su modo de relacionarse con el lector (comportamiento amatorio).


Después de pasar por la introducción y el desarrollo, llegamos al:

Desenlace (después de)

Hay cuentos que, una vez que alcanzan el “clímax”, acaban de manera abrupta. Uno escala y escala la montaña de la trama. A veces, la ascensión es un paseo tranquilo; otras, una maratón rabiosa. La tensión del argumento se acumula hasta que se está por llegar a la cima y ahí, justo ahí … el cuento enseguida se despeña y sanseacabó (una manera muy masculina de terminar las cosas). Otros relatos, de la rompiente del clímax pasan a una meseta plácida, se resuelven con toda lentitud, hasta llegar a la quietud, a la calma, al estado de reposo del cuento (el final). Manera muy femenina de escribir. Ojo, esto de masculino y femenino, a veces, no está de acuerdo con el género del escritor. Hay mujeres con técnicas masculinas para escribir y viceversa.

Aquellos que recién empiezan a recorrer este camino de la escritura muchas veces redactan un cuento que tiene dos finales. No se trata de un recurso estilístico hecho a propósito. No estoy hablando de dualismo de interpretación ni de ambigüedad en el cierre, sino del resultado de la falta de práctica de la práctica. Un cuento con dos finales es una señal típica de un escribiente todavía verde o de que uno es multiorgásmico. No sé para qué servirá en la escritura, pero socialmente, puede llegar a ser una ventaja y una bendición.

Cuando pasó lo mejor, los neurotransmisores del cuento hacen que la paz vuelva al cuerpo del lector, a quien, a veces, hasta le agarra un poco de somnolencia. El cuento tiene una función reguladora del sueño y facilita la relajación (otra que el Valium). ¿Por qué se creen que la gente lee tanto en la cama?

Con algunos cuentos, cuando el lector termina la lectura, debe inhalar profundamente porque la emoción ya lo está ahogando y, sólo en ese momento, reacciona y percibe que tiene la piel de gallina, que la historia le ha dejado los pelos de punta. Este estremecimiento final es un regalo de despedida del cuento, que lo hace proclive a ser visitado con fervor y cariño una vez más, y otra vez, y otra más.

Por supuesto, estas distinciones no se basan en la extensión física del relato, ni en su volumen o longitud (“El tamaño no importa, cariño”). Los hay breves y express (los quickies o los “toco y me voy”), para cuando uno sólo tiene unos minutos libres y ganas de darse una alegría al paso y seguir con lo suyo de mejor ánimo. Otros cuentos exigen que el lector se tome su tiempo para disfrutarlos; son como un banquete con entrada, plato principal y postre (más café y licor, a veces). Por supuesto, el lector debe ser lo suficientemente sensato como para darse cuenta de con qué relato está tratando y no pedirle peras al olmo.

Hay cuentos olvidables, pasajeros, descartables. Uno después no recuerda si los leyó o no; no retiene ni el nombre (“Si te he visto, no me acuerdo”). Hay otros que nos dejan “marcas de amor”, mordidas indelebles en la mente, en las tripas o en el corazón. Y uno ostenta estos tarasconcitos sin avergonzarse, sin intentar ocultar los moretones, hasta con orgullo exhibicionista, diría (“Sí, leí. ¿Y qué?”). Esos cuentos maravillosos, terribles como todo lo bello, alteran el tiempo interno del que los lee. Algo raro le pasa al lector con ellos. El receptor viaja por las fases de la historia que se cuenta y, después, recordará ese cuento horas, días, semanas o hasta meses después. Esos benditos relatos, en pleno acto de intromisión corporal bienvenida, siguen “moviéndose” dentro del lector, aunque no se los esté leyendo ni escuchando. Hay historias que son inolvidables.

¡Qué lindos que son los cuentos! Gracias por existir.

Sólo me resta ahora escuchar sus comentarios. Los dejo; después de tanto escribir sobre este tema, mejor me voy a dar una ducha fría.

© Gabriela Villano. 2007.

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Cuidemos el idioma 4

La norma culta

“El español no es idéntico en todos los lugares en que se habla. En cada país, e incluso en cada zona geográfica y culturalmente delimitada dentro de cada país, las preferencias lingüísticas de sus habitantes son distintas, en algún aspecto, de las preferencias de los hablantes de otras zonas y países. Además, las divergencias en el uso no se deben únicamente a razones geográficas. También dependen en gran medida del modo de expresión (oral o escrito), de la situación comunicativa (formal o informal) y del nivel sociocultural de los hablantes. (…)


“La mayoría de las dudas e inseguridades lingüísticas que tienen los hablantes nacen, precisamente, de la perplejidad que les produce encontrarse con modos de expresión distintos de los suyos. Desean saber, entonces, cuál es el uso «correcto», suponiendo, en consecuencia, que los demás no lo son.


“Pero debe tenerse siempre en cuenta que el empleo de una determinada forma de expresión resultará más o menos aceptable dependiendo de distintos factores. Así, las variedades regionales tienen su ámbito propio de uso, pero resultan anómalas fuera de sus límites. Muchos modos de expresión que no son aceptables en la comunicación formal, sea escrita u oral, se juzgan perfectamente normales en la conversación coloquial, más espontánea y, por ello, más propensa al descuido y a la laxitud en la aplicación de ciertas normas de obligado cumplimiento en otros contextos comunicativos. Muchos usos ajenos al español estándar se deben, en ocasiones, a la contaminación de estructuras de una lengua a otra que se produce en hablantes o comunidades bilingües. Y hay, en fin, formas de expresión claramente desprestigiadas por considerarse propias del habla de personas de escasa instrucción. A todo esto se añade el hecho ya comentado de la evolución lingüística, que convierte en norma usos antaño censurados y expulsa de ella usos en otro tiempo aceptados.”


Por eso siempre es bueno tener a mano una edición lo más actualizada posible del diccionario. También es bueno ser un poco moderado en sus juicios, no solo en los normativos. Los académicos, por lo general, evitan “el uso de los calificativos correcto o incorrecto, que tienden a ser interpretados de forma categórica. Son más las veces en que se emplean expresiones matizadas, como Se desaconseja por desusado...; No es normal hoy y debe evitarse...; No es propio del habla culta...; Esta es la forma mayoritaria y preferible, aunque también se usa..., etc. Como se ve, en los juicios y recomendaciones sobre los fenómenos analizados se conjugan, ponderadamente, los criterios de vigencia, de extensión y de frecuencia en el uso general culto.


Para despedirme, los dejo con esta última reflexión del DPD: “(...) es necesario saber que un buen manejo del idioma requiere el conocimiento de sus variados registros y su adecuación a las circunstancias concretas en que se produce el intercambio lingüístico, y que, en última instancia, solo el dominio del registro culto formal, que constituye la base de la norma y el soporte de la transmisión del conocimiento, permite a cada individuo desarrollar todo su potencial en el seno de su comunidad.”


Fuente: Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD) en línea (www.rae.es)


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sábado, 17 de noviembre de 2007

Crónicas Contables 9.3

Homenaje a Graciela Cabal

El domingo 11 de noviembre a la mañana, día del cumpleaños de la homenajeada, nos fuimos a “La Sirenita”, la casa de verano de la familia Cabal, a plantar un ciprés de 1,30 de altura en cumplimiento de la voluntad de Graciela, que quería habitar en su casa de Mar de Ajó siendo un árbol, tal como figura en las instrucciones que ella dejó a sus familiares y amigos. Este ciprés alegórico fue criado desde que era una semillita por uno de los alumnos de Claudio Ledesma y, no sé cómo hicieron, pero lo trajeron desde la Capital Federal intacto como un bebé entre algodones y con un tratamiento especial en las raíces, para que prendiera fuerte y lindo.

Por suerte la mañana fría y ventosa apareció sin lluvia. En el jardín del fondo, entre flores y mucho verde, mientras unos plantaban el ciprés, otros leían en voz alta las instrucciones para su muerte que dejó Graciela en su libro Las cenizas de papá. Después, Daniel Pla, compañero de vida de Graciela, nos invitó a algunos a almorzar con la familia y a compartir algunas vivencias y anécdotas entre todos. Cuando nos fuimos a la hora de la siesta, se largó una lluvia bastante fuerte y, después, una granizada, pero siempre que llovió, paró.

A la tarde, en el Hotel Latinoamericano, se realizó una mesa redonda a cargo de Sandra Comino, María Azucena Villoldo y Claudio Ledesma. Pudimos ver una presentación audiovisual con fotografías de Graciela, prestadas por la familia, y escucharla narrar algunos de sus textos. También vimos una copia del piloto que Graciela hizo una vez para un programa de cuentos, en el que leyó Miedo. Fue muy emocionante verla así, chiquita, “disfrazada de fragilidad”, como bien comentó el escritor Edgardo Lois alguna vez, pero dueña de una energía y una fuerza impresionantes.

Luego, María Azucena Villoldo, de Resistencia, Chaco, profesora en Letras e investigadora de la obra y del discurso de Graciela Cabal, nos describió la aparente facilidad con que escribía Graciela, que ocultaba una complejidad profunda, y el carisma que tenía la autora para acercarse al lector, y no al revés. La fiesta y el fin de semana terminaron con el segundo micrófono abierto, más textos, risas y anécdotas.

Nuestra vida fue un antes y un después de Graciela Cabal, aunque no la hayamos conocido personalmente. Graciela fue una maga de las palabras que, con sus escritos, le hizo pito catalán a doña Muerte. Fue única e irrepetible. Todos los reunidos durante ese fin de semana en Mar de Ajó pudimos compartir los recuerdos que este ser lleno de luz dejó entre nosotros, a veces por experiencia directa, a veces por intermedio de sus relatos. Y así continuará esta cadena de trasmisiones. Ojalá que prenda la idea de celebrar todos los años su cumpleaños en Mar de Ajó y, de paso, medir el ciprés y ver cómo crece.

Al preparar estas crónicas, también me enteré de una leyenda que circula por la tribu cuentera urbana. Dicen que cuando un cuentista o un contador de cuentos tienen problemas ante una hoja en blanco o ante una audiencia como un témpano, siempre va a andar revoloteando por ahí un hada, para soplarle la frase justa o para prestarle un ala, si es que uno no se olvida del "Beatriz". Lo sé porque me lo contaron. Palabra Cabal.

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Cuidemos el idioma 5

Sobre la importancia de los diccionarios:

“Una vez hice un viaje en un remise, y el remisero me dijo: ‘¡Mire, qué suerte que la llevo porque hace veinte años que le quiero hacer una pregunta! ¿Qué quiere decir malaquita?’ En cualquier diccionario lo podía encontrar, pero veinte años le llevó sacarse la duda. ¡Pobre hombre! Es muy triste la vida sin diccionarios.” María Elena Walsh, poeta y compositora argentina.


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Dicen los que saben 7

¿Qué es la ficción?

Virginia Woolf nos dice en su ensayo Un cuarto propio (fragmentos traducidos por Gabriela Villano):

“... la ficción, o sea, la labor imaginativa, no se deja caer como un guijarro sobre la tierra, tal como podría pasar con la ciencia. La ficción es como una telaraña, sujeta con suma liviandad, tal vez, pero, de todas formas, unida a la vida en las cuatro esquinas. A menudo, la sujeción es apenas perceptible. Las obras de Shakespeare, por ejemplo, parecen estar suspendidas de la nada sólo por sí mismas. Sin embargo, cuando la telaraña se tironea oblicuamente, se la engancha en un extremo, se desgarra en el centro, uno recuerda que estas telarañas no han sido tejidas en el aire por criaturas incorpóreas, sino que son el trabajo de seres humanos que sufren, y que se fijan a cosas toscamente materiales, como la salud, el dinero y las casas en las que vivimos.”


¿Cuál es el estado mental más favorable para el acto de crear? ¿Podemos alcanzar alguna noción de la actitud o condición que fomenta y hace posible esa actividad extraña?, se sigue preguntando Virginia Wolf en su ensayo.

“… la mente de un artista, para lograr el esfuerzo prodigioso de liberar de manera total y completa la obra que está en su interior, debe ser incandescente, como la mente de Shakespeare (…). No debe existir ningún obstáculo en su interior, ninguna materia extraña sin consumir.
“Porque aunque digamos que no sabemos nada sobre el estado mental de Shakespeare, incluso al afirmarlo, estamos diciendo algo acerca de su estado mental. Quizás el motivo por el cual sabemos tan poco de Shakespeare, comparado con Donne, Ben Jonson o Milton, es porque sus envidias, rencores y antipatías se ocultan de nosotros. No nos retiene ninguna ‘revelación’ que nos haga recordar al escritor. Todo deseo de protestar, predicar, divulgar una ofensa a los cuatro vientos, ajustar cuentas con alguien, poner al mundo de testigo de alguna queja o dolor fue expulsado del interior de Shakespeare y consumido. Por lo tanto, su poesía fluye desde él libremente y sin impedimentos. Si alguna vez un ser humano logró que su trabajo se expresara por completo, ése fue Shakespeare. Si alguna vez existió una mente incandescente, sin obstáculos, (…) ésa fue la de Shakespeare.”

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Crónicas Contables 9.2

Homenaje a Graciela Cabal

El sábado 10 de noviembre a la noche, en el Hotel Latinoamericano, frente al mar embravecido y debajo de una lluvia intensa, se realizó un micrófono abierto para leer o contar textos de Graciela Beatriz Cabal. Primero tomaron la palabra tres alumnos de la escuela EGB N.º 12 de Mar de Ajó, Esteban Scuzarello, Exequiel Palacios y Pablo Rojas, acompañados por la narradora oral Mirta Rogina y por María Rosa, una mamá en representación de toda la escuela 12. Repito, por si no les ha quedado claro: tres chicos de una escuela primaria se pusieron sus guardapolvos blancos, agarraron los libros de la Cabal y la bandera de la escuela hecha a mano, y se fueron a un acto, a leer algunas partes de Secretos de familia con una maestra, una mamá y el director de la escuela un sábado a la noche en un salón lleno de desconocidos. Mirta Rogina me contó después que los chicos se habían preparado para la lectura en voz alta practicando en la casa de ella, fuera del horario de clases, con entusiasmo y dedicación. Y no me mintió, porque mientras un compañero le sostenía el micrófono al que leía, se veía a las claras que los otros dos seguían la lectura del compañero con deleite y satisfacción.

Pero esto recién empezaba: apareció un libro gigante, que a Claudio Ledesma le costaba un poco manipular de lo grande que era, hecho a mano con esmero y prolijidad por los chicos de otra escuela de la zona, la Ricardo Güiraldes N.º 22 del Paraje Pavón, que tiene una biblioteca que se llama, como no podía ser de otra manera, Graciela Cabal. El libro estaba lleno de dibujos alusivos a los libros e historias de nuestra autora, como una manera de darle las gracias por sus visitas y sus cuentos. Se trata de una escuela muy linda, pero con una población carenciada, donde los docentes trabajan mucho y bien, como pudimos comprobar todos esa noche, mientras las páginas del libro pasaban de la mano de Claudio, llenas de gatos, Tomasitos, pinturitas y papeles de colores.

Luego dio comienzo el micrófono abierto y fue una verdadera fiesta. Nos reímos, festejamos y nos hermanamos en el recuerdo de una contadora de historias inolvidable. Así aparecieron varias anécdotas y cuentos de los muchos libros de Graciela, tanto para chicos como para grandes, porque la literatura, cuando es buena, funciona para todas las edades. Palabra Cabal.

Continuará.


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Día Internacional del Cuento

El 20 de noviembre se celebrará, como todos los años, el Día Internacional del Cuento, una jornada en la que narradores de todo el mundo contarán cuentos en distintos puntos del planeta.

Invitamos a los narradores profesionales y aficionados, y a todos aquellos que tengan una historia para compartir, a que nos cuenten cómo van a festejar nuestro día. Porque lo van a festejar, ¿no?

Firmado por:
Los cuentos del Villano

Con la adhesión de:
Los cuentos de Sarita Urman, que se han quedado guachos, como los terneros.
Los cuentos de Andersen, de Perrault y de los Hermanos Grimm.
Las fábulas de Esopo
Y el resto de los buenos muchachos.

martes, 13 de noviembre de 2007

Crónicas Contables 9.1

HOY: Cuentos Cabales.

El sábado 10 y el domingo 11 de noviembre, se realizó en Mar de Ajó un justo homenaje a Graciela Beatriz (“no se olviden del Beatriz”) Cabal, escritora y narradora oral de fuste.

Esta idea tan bienvenida partió de un trío que se las trae: la escritora Sandra Comino, la investigadora María Azucena Villoldo y, como no podía ser de otra manera, el narrador oral Claudio Ledesma. El homenaje tuvo la bendición de la familia Cabal y contó con el apoyo de muchos amigos que tenía y sigue teniendo Graciela en Mar de Ajó, y con la asistencia de la Dirección de Cultura del Partido de la Costa, quienes gentilmente pusieron personal, equipo de sonido y medios audiovisuales a disposición del trío organizador del evento. Vaya también nuestro reconocimiento al Sr. Horacio Gómez, coordinador del taller literario del Centro Cultural Marcelino Villar, de Mar de Ajó, que hizo de puente con la gente del hotel que fue sede del homenaje. También viajó desde Buenos Aires Rosa María Silva, docente y fundadora de la Biblioteca “Graciela Beatriz Cabal” con sede en un jardín de infantes nucleado, en la calle Humberto I 3171, Capital Federal.

Hacia Mar de Ajó fui yo entonces, con mi credencial de cronista de la Agencia de Noticias Narranews y una fotógrafa adscripta llamada Betty Ferkel, a cubrir el evento durante todo un fin de semana intenso y emotivo. Como pasaron demasiadas cosas, esta crónica la vamos a dividir en tres partes.

Como bien nos hizo notar Claudio Ledesma en un momento del homenaje, casi la mitad de los presentes nunca la habíamos conocido personalmente a Graciela, nunca la habíamos visto ni escuchado narrar. Estábamos allí convocados por sus libros, por sus palabras, por sus textos que, de alguna manera incomprensible, se nos acurrucaron debajo del alero del corazón y se van a quedar con nosotros para toda la vida. Qué fuerza que tienen algunos libros, ¿no? No se entiende muy bien cómo opera esa magia rara, pero está. Y sigue perdurando y haciendo de las suyas, aunque la maga ya no esté. Como dijo Graciela alguna vez: “Lo que yo sé es que en mi escritura estoy yo, siempre. Poniendo el cuerpo, arriesgando, sin saber hacia dónde voy, ni de qué manera impredecible terminaré.” Y creo que este homenaje que congregó a más de treinta conocidos y desconocidos también le hubiera resultado impredecible a Graciela. Cosas de cuentos.

Continuará.

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Cine cuentero 8: Diario para un cuento (1998)

El martes 6 de noviembre, me fui alegremente al Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires, a un ciclo de cine organizado por la Comisión de Cultura de esa asociación profesional y coordinado por Pablo De Vita, secretario general de turno de la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina e investigador del Museo del Cine “Pablo C. Ducrós Hicken”.

La cita era para ver la película Diario para un cuento, de la directora checa Jana Boková, que se estrenó en la Argentina en 1998, basada en el cuento homónimo de Julio Cortázar (que está en su libro Deshoras, último volumen publicado en vida del escritor). La directora estuvo presente durante la proyección y charló con el público (un encanto de persona ¡y baila tango!). Cerca del final, nos visitó la actriz Ingrid Pelicori, parte del elenco. Y, los cronistas de la Agencia de Noticias Narranews somos así… A propósito, gracias a Ana Jankú de la Comisión de Cultura del Colegio de Traductores Públicos por el convite.

Diario para un cuento, coproducción argentino-española, está hablada en español e inglés, el guión es de Leslie Megahey, Jana Boková y Gualberto Ferrari; la música es de Rodolfo Mederos (quién también aparece en la película) y en el reparto figuran Germán Palacios, Silke, Inés Estévez, Héctor Alterio, Ingrid Pelicori, Nancy Duplaá y Enrique Pinti. Ganó, entre otros, el Premio Cóndor de Plata al Mejor Guión Adaptado, lo cual demuestra que traducir a Cortázar al lenguaje cinematográfico no es cuento.

La película es un relato de tono autobiográfico sobre un joven Cortázar (Elías, en la ficción) que, en los cincuenta, se gana la vida como traductor técnico en una agencia de traducción y escribe cartas de amor por encargo de las prostitutas analfabetas del puerto de Buenos Aires, antes de su partida definitiva al exterior. Germán Palacios es Elías-Cortázar, nacido en Bélgica y trasplantado a la Argentina; tironeado entre el mundo de la alta sociedad porteña y los bajos fondos, una novia “bien”, un amor prohibido y una huida ineludible del país, que lo convierten en un símbolo del desarraigo, la desesperación y la melancolía.

Hay unas escenas imperdibles en Traducciones La Universal, la agencia donde trabaja sin mucho ánimo este Elías-Cortázar, que quiere dejar de escribir palabras ajenas, para empezar a escribir las propias de una buena vez. Por intermedio del personaje que compone Héctor Alterio, Elías-Cortázar les traduce a las prostitutas las cartas de “amor” de sus clientes extranjeros y les escribe las contestaciones. Un poco obligado por el personaje de Alterio (“Sin perder la poesía, Elías”, le recuerda), traduce las guarangadas soeces que escriben estos hombres en un tono elevado y poético, que enamora aún más a las prostitutas, que comienzan a pedirle sus servicios profesionales cada vez con más frecuencia (los de pluma, no los de gigoló, ¿eh?). Cuando tiene que irse del país, Elías-Cortázar no se olvida de empacar las cartas de las prostitutas, por el valor literario que, para él, tienen.

A mitad de la película, la novia de alta sociedad de Elías-Cortázar lo atrapa en algunas situaciones equívocas y comprometidas con las prostitutas, y él se defiende: “Pero querida, son sólo apuntes para un relato”, “Pero querida, sólo estoy buscando material para mis ficciones”. “Pero querida, esto que escribí no es verdad, es sólo un diario para un cuento”. Muchachas, nunca se enreden con un contador de historias.

Hay una escena en la que el personaje de Nancy Duplaá le pide a Elías-Cortázar que le traduzca una carta de su novio-cliente (no sé si porque está en idioma extranjero o porque la muchacha no sabe leer). En realidad, la legítima de este hombre acaba de descubrir que su marido se gasta la plata en un burdel, y el cliente le escribe a la prostituta para terminar la relación y desaparecer. Elías-Cortázar no tiene corazón para romperle el corazón a la muchacha, así que, simulando hacer una traducción a primera vista de la misiva, le inventa una historia romántica de un hombre enfermo e internado en un hospital, del que no sabe si va a salir, pero que guarda debajo de la almohada las cartas de la muchacha, para recordar el calor de su tierno cuerpo en semejante trance que tiene que afrontar.

No hay nada qué hacerle, a veces, uno inventa una historia para soportar mejor la realidad o para hacérsela más soportable al otro. Como traductor, habría que quitarle la matrícula a este hombre por semejantes infidelidades a los textos originales. Pero como contador de historias, qué quieren que les diga, a mí, este Elías-Cortázar me cae simpático.


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Los cuentos están tristes

El 5 de noviembre nos dejó Sarita Urman, narradora oral y miembro fundador del Círculo de Cuentacuentos de Buenos Aires. Hay veces en que no se puede decir mucho porque la pena todavía está muy pegada al corazón.

Dicen que cuando los artistas dejan este mundo es porque se fueron de gira. Sarita anda así, entonces, de gira con sus queridos cuentos, rodeada de palabras que la definen, tales como humildad, calidez, señorío, integridad, respeto, nobleza, dignidad.

Pude disfrutarla muy pocos años, en los cuales me regaló recuerdos hermosos e imborrables que atesoraré por siempre. Ella siempre venía a mis presentaciones y estrenos, aunque tuviera que faltar al templo; sabía que allá arriba la iban a perdonar. Y yo sabía que con ella entre la concurrencia, nada podría salir mal. Cuando Sarita terminaba sus presentaciones en El Cervatillo o donde fuera que contara, pude escoltarla algunas veces hasta el taxi o hasta su casa, como la dama que era (a ella le gustaban las buenas costumbres de antaño). Y antes de irme, después de acompañarla hasta su umbral, ella me regalaba una golosina para el camino. Así era Sarita.

Todos la que la conocimos la vamos a extrañar.

Entre tantas palabras que he tomado prestadas para componer esta nota, los dejo con una frase que Sarita había puesto en sus tarjetas profesionales: “La cuna del hombre la mecen los cuentos”. León Felipe.

Gracias, Sarita.

sábado, 3 de noviembre de 2007

Premio

La escritora y narradora oral Gabriela Villano acaba de ser distinguida con un Premio Especial de Cuento Hiperbreve en el Concurso Internacional de Microficción “Garzón Céspedes” 2007, entre 1419 cuentos presentados y 43 escritores finalistas de 7 países en esa categoría.

Como si esto fuera poco, el otro cuento que envió (sólo presentó dos en una sola de las categorías del concurso), resultó seleccionado para una posible edición o difusión.

El presidente del jurado (con voz, pero sin voto) fue el Sr. Francisco Garzón Céspedes (Cuba/España), escritor, narrador oral escénico, investigador teatral y dramaturgo. Los miembros fueron la Sra. Mayda Bustamante (Cuba/España), licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de La Habana, periodista y promotora cultural; el Sr. Víctor Martínez Gil (México), narrador oral escénico, profesor de comunicación y oralidad escénica, y director ejecutivo de la Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica; y la Sra. Mayte Torres (España), docente, actriz y directora de doblaje.

Según las bases del concurso, los escritores premiados y mencionados, y quienes han sido elegidos para la posible edición deben mantener sus textos sin difundir por ningún medio hasta que los organizadores los den a conocer al público, fecha en que quedarán liberados de ésta y de cualquier otra exclusividad.

Dice nuestra autora:

Gracias al distinguido jurado por este honor y este privilegio.
Gracias a la Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica (CIINOE) Comunicación, Oralidad y Artes (COMOARTES).
Gracias a los lectores fieles a lo largo de dos décadas de trabajo y de pasión por la pluma.
Y por último, aunque no por eso menos importante:
Gracias a Betty Ferkel por avisarme del concurso diez días antes de que cerrara el plazo de admisión de los originales; de lo contrario, nunca me hubiera presentado.

martes, 30 de octubre de 2007

Cuentos por el mundo 2

El XXI Encuentro de Contadores de Historias y Leyendas se llevará a cabo en Buga, Colombia, del 6 al 9 de noviembre de 2007.

Según los organizadores, se trata del evento más antiguo de narración oral de Iberoamérica. Participarán veinte contadores de historias de leyendas de varios países de América Latina y también de los Estados Unidos.

El objetivo de este encuentro es mantener un espacio abierto a la tradición oral, como punto de partida para el intercambio y la recuperación de la identidad cultural.

Para todos aquellos que deseen disfrutar de un regreso a la memoria de nuestros ancestros, sírvanse ponerse en contacto con Germán Jaramillo Duque, director general del encuentro (elgrupof@ert.com.co bugahistorias@ert.com.co)

Entre el 13 y el 15 de noviembre, organizadas por la Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica (CIINOE), fundada y dirigida por el maestro Francisco Garzón Céspedes, se llevarán a cabo las Jornadas Iberoamericanas de NOE “Contar con La Habana”, en homenaje al 487.º aniversario de la capital cubana.

Como parte de las actividades de las Jornadas, se entregará el Premio Nacional Cuentería 2007, se ofrecerá una Gala de Oralidad Escénica, con prestigiosos narradores cubanos y españoles, se presentará la nueva Colección Gaviotas de Azogue y se dictarán clases magistrales. Como cierre de las Jornadas, se ofrecerá un espectáculo para / con niñas y niños Cuentos y poemas con la esperanza del mundo, con la participación de narradores de La Habana, La Palma, Madrid y Matanzas. Para más informes: ciinoe@hotmail.com


Celebración del Día Internacional del Cuento. “LA FIESTA DE LOS CUENTOS” (un espacio creativo, divertido para contar y escuchar historias, cantos y cuentos breves de la tradición oral infantil).

“La Sombrerera Cuentera” (Biblioteca Oral Itinerante) de la ciudad de Córdoba, Argentina, coordinada por Silvia Beresovsky (Narradora Oral y Educadora Teatral, Premio Pregonero Narrador Oral 2006 y coordinadora de los Encuentros Itinerantes de Narradores de Cuentos del Valle de Punilla) organiza la Celebración del Día Internacional del Cuento de temática infantil, desde el jueves 15 al sábado 17 de noviembre del 2007 en el Valle de Punilla y las Altas Cumbres.

De está manera desde Córdoba, la República Argentina se unirá por quinta vez a la celebración del Día Internacional del Cuento, jornadas en la que narradores de todo el mundo contarán cuentos en diferentes puntos del planeta. Habrá funciones a cargo de narradores profesionales y aficionados, y espacios abiertos para todos aquellos que tengan una historia para compartir. En el interior de la provincia, los festejos se harán en el marco del proyecto “Cuentos de Montaña con una montaña de cuentos”.

Para más información: narradoresichocruz@yahoo.com.ar

Crónicas Contables 8

De un Villano contrariado

HOY: De cuentos y contratiempos.

El viernes 26 de octubre, fui a hacer una crónica a Cultural Cóndor Huasi, Av. Boyaca 1400. Este es un espacio en el barrio de Flores, en el que Vivi García ofrece un ciclo de narración oral para adultos que se llama “Cuenta conmigo” y en el que narra con invitados. Ese viernes a las 18.30 lo haría con Claudio Ledesma.

Salí con toda la intención de llegar con tiempo suficiente y hacer una crónica para este blog, pero el destino me puso un contratiempo en el camino. En una vereda céntrica, me emboscó (literalmente) una cronista de América TV que me quería hacer una entrevista, no porque yo fuera una escritora y narradora oral, sino porque, en breve, serían las elecciones presidenciales, me le había puesto a tiro y quería saber a quién cuernos iba a votar (ella no, yo). Dije “emboscó” porque la cronista llevaba un micrófono que estaba atado con un cable largo y grueso a una cámara que venía con un señor a unos metros. No podía esquivar a la cronista y huir como un jugador de rugby enardecido, porque el cuarto poder ocupaba todo el ancho de la vereda y la soga me cortaba el paso a la altura de las rodillas, así que recordé mis días escolares y me puse a saltar la cuerda en la vereda, porque yo tenía una misión: hacer una crónica cuentera. Nunca supe si la cámara estaba prendida.

Rumbeé hacia mi destino. Iba con tiempo; a pesar de todo, llegaba a horario, hasta que me enredé en una librería de viejo por la calle Corrientes, que tenía unas ofertas increíbles de libros de cuentos. Fue imposible resistirse. Salí con menos plata, menos tiempo y más libros que antes (siempre llevo uno o dos en la cartera, que me protegen de todo mal). Sin más dilaciones, me dirigí resueltamente a mi destino, apoyada por la guía de calles Filcar, imprescindible como un riñón para una desorientada como yo. Iba a llegar tarde, pero no demasiado.

No sé por qué cuernos me fui a Acoyte al 1400, si Cóndor Huasi queda en Boyacá al 1400 y así se difunde, bien clarito. Estas dos avenidas ni siquiera están próximas. Lo peor es que no es la primera vez que me pasa algo así. Me consuela saber que no soy la única que padece estos trastornos mentales, porque Claudio Ledesma sufre un desorden similar de arterias (no las de la cabeza, sino los sinónimos de ‘calles’). Si no me creen, pídanle su cuento de la estatua que seguía esperando (y digo “su” porque él lo escribió).

Como no quiero que me quiten la credencial de la Agencia de Noticias Narranews por inepta, otra vez me dirigí resueltamente a donde fuera que tenía que ir, después de preguntar a varios transeúntes, a un colectivero y a sus pasajeros (Si la cronista de América TV podía hacer una encuesta, ¿por qué yo no?). Llegué a Cóndor Huasi más tarde aún, en medio de un relato de Vivi García, por supuesto (nadie llega en los intervalos entre cuento y cuento, ¿no se han dado cuenta?). La puerta del establecimiento se abrió con un chirrido penetrante (¿Qué más se podía esperar?). Y yo me tropecé en el umbral, por supuesto. Cuando me senté en el fondo, tratando de ser lo más discreta posible, la pata de la silla rezongó contra el piso (no podía ser de otra manera) y me golpeé la rodilla contra la mesa (claro). A pesar de todo, Vivi García todavía no me ha retirado el saludo.

Cuando logré desprenderme de los contratiempos que traía, pude apreciar que Cultural Cóndor Huasi, con sus cuadros y fotos en las paredes, es un espacio agradable para contar, que vale la pena tener en cuenta.

Vivi se tuvo que ir antes por un contratiempo (es en serio), así que dejó encargado de la velada a Claudio Ledesma, quién había llegado tarde por un contratiempo. Gracias a Claudio me enteré cómo fue que Pedro Orgambide se hizo escritor. Después de sus cuentos, muy resuelta y caballerosamente, Claudio le dio la palabra a ¡Carlos Genovese!, que había llegado hacía unos días de un encuentro de narración oral en Uruguay y que estaba por Buenos Aires con sus talleres y espectáculos. El colega chileno había venido nada más que a escuchar cuentos y a acompañar a Claudio, y terminó narrando. Hay que tener cuidado cuando uno sale en compañía de cuenteros, maestro.

Fue así que nos enteramos de las ventajas de ser bilingües, sobre todo si uno es ratón, y del origen de ciertas costumbres políticamente incorrectas de los perros. Con la narración oral se aprende mucho, hasta los secretos de este mundo.

No sé si la concurrencia se habrá topado con alguna contrariedad al salir del convite. Lo único que sé es que, la próxima vez, voy a hacer una crónica como corresponde, si es que no tengo algún contratiempo.

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domingo, 21 de octubre de 2007

Homenaje a un hada, lectora, escritora y narradora oral

El sábado 10 y el domingo 11 de noviembre se realizará un merecido homenaje a Graciela Beatriz Cabal en Mar de Ajó, Buenos Aires. Entre las actividades programadas, se incluyen dos micrófonos abiertos, donde todos los que quieran participar podrán contarla o leerla. El domingo 11, día del cumpleaños de Graciela, sus amigos plantarán un ciprés alegórico en el jardín de su casa de verano, llamada “La Sirenita”. A la tarde, se realizará una mesa redonda a cargo de Sandra Comino (escritora), María Azucena Villoldo (investigadora) y Claudio Ledesma (narrador oral). Los que quieran concurrir a estas actividades con entrada libre y gratuita, sírvanse comunicarse con el inefable Claudio Ledesma a claudiocuentos@yahoo.com.ar

Dice Sandra Comino de Graciela B. Cabal: “Su literatura pertenecía a esa clase de libros que muerden”. Déjense morder una vez más (nunca es suficiente). Nos vemos en Mar de Ajó.

Dicen los que saben 6

¿Qué es la calidad? ¿Qué es lo bueno?

“El enigma de la calidad en el arte nos enfrenta con otra palabra que, de alguna manera, está fuera de actualidad y que, por lo tanto, suena un poco rara: la belleza.(...) Tenemos que vivir exactamente en el punto de equilibrio de una equivalencia entre el libre fluir del impulso y las constantes pruebas y búsquedas de la calidad. Con muy poco juicio, producimos cosas inservibles. Con demasiado juicio, nos bloqueamos.
(...)
“No hace falta decir que hay múltiples visiones de la realidad, innumerables definiciones de lo que es bueno o valioso o bello, que difieren de persona a persona y de momento a momento para una misma persona. Una obra de arte puede contener material feo o áspero y, sin embargo, conmovernos profundamente. Una obra de arte puede estar hecha en forma exquisita, poseer belleza sensual y expresar la verdad, y, sin embargo, ser insípida.
(...)
“Algo que caracteriza al buen poema, novela, sinfonía o pintura es que genera innumerables interpretaciones ... personas diferentes los ven de manera distinta, y la misma persona los ve de manera diferente en distintas ocasiones. La centésima vez que disfruto de una obra de arte que me gusta sigo encontrándole algo nuevo, porque yo he cambiado y porque hay cierta vastedad o multiplicidad en el arte que puede resonar con las cambiantes versiones de mí mismo. Más que hablar de belleza o de calidad, creo que habría que hablar de bellezas o calidades.
(...)
“Observen, y ésta es una de las tensiones esenciales, que la elegancia o economía de expresión es lo opuesto a los excesos de la naturaleza y de la imaginación. Ambas tendencias contribuyen a lo artístico en nuestro trabajo.
(...)
“Para que haya arte tiene que haber (...) un vínculo con la realidad emocional que es la experiencia compartida del artista y el público.
“Nuevamente reiteramos que la belleza no tiene por qué ser hermosa o agradable.
(...)
“La calidad, la belleza (...) no pueden definirse, pero pueden reconocerse. Se reconocen cuando nuestro ser resuena con el objeto. (...) Las obras de arte (...) tienen que ver con el intercambio, o tal vez son ellas mismas el medio para el intercambio, entre lo poco que sabemos y lo mucho que somos.
(...)
“Se nos caen las lágrimas en ciertos momentos de las películas o las obras teatrales, incluso las que no se consideran artísticas, cuando algo ‘nos toca un resorte’. Esta metáfora es exacta, porque se refiere al fenómeno de resonancia o vibración comprensiva. (...) Sentir resonancia es un síntoma seguro de identidad con aquello que canta. La calidad es el reconocimiento de lo que Gregory Bateson llamó ‘el patrón que conecta’.
“Hay algo biológico en el arte y en el reconocimiento de la belleza y la calidad. (...). Con ‘biológico’ quiero decir que (...) somos lo suficientemente ricos y adultos como para resonar o vibrar en presencia de otra cosa que, a su modo, también está viva. Cuando el arte está vivo resuena comprensivamente con el corazón. Cuando el conocimiento está vivo resuena comprensivamente con la estructura profunda del mundo.
(...)
“No hace falta que usted altere su voz para agradar a los otros, ni tampoco para diferenciarse de los otros. La calidad surge de la resonancia con la verdad interna y es reconocida por ella.”

Stephen Nachmanovitch (1950), violinista, compositor, escritor y educador. Free play: la improvisación en la vida y en el arte. Paidós. 2006.
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Cuidemos el idioma 4

¿Por qué es necesario hablar y escribir bien?

Cualquiera sabe lo importante que es estimular el desarrollo del lenguaje y del vocabulario porque, en la medida en que las personas enriquezcan su creatividad y su fantasía, podrán desarrollar análisis crítico y síntesis para resolver sus problemas cotidianos.

He conocido a muchas personas de cualquier edad que sufren las carencias de una comunicación pobre y restringida. La palabra abre caminos, crea oportunidades en la vida. ¡Hay que aprovecharla!

Imagínense por un momento que son el jefe de personal de una empresa y que están a cargo de la selección de un profesional para un puesto importante en los estratos gerenciales medios de la organización. ¿Le prestarían atención a un postulante que presenta un currículum con errores de ortografía? Yo no. Estoy buscando un profesional, no un cuasi analfabeto que no sabe ni escribir. ¿Cómo va a redactar los informes? ¿Cómo se va a expresar en las reuniones dentro y fuera de la empresa? ¿Cómo nos va a hacer quedar? Cualquier jefe de personal medianamente sensato se hace estas preguntas.

Una vez me encontré con una licenciada en Relaciones Internacionales (este es un título universitario en la Argentina) quien, muy suelta de cuerpo, una vez redactó: “Fuimos a el aeropuerto” (sic). Creo que las únicas contracciones que conoció esta mujer fueron las que tuvo al parir a sus hijos. Un abogado, al escribir sobre lo difusa y complicada que se había tornado una cuestión, comentó que el tema de debate, con tantas conversaciones, idas y vueltas, “se había perdido en la lontanancia” (sic). En la lontananza habría que perderlo a él. Bien lejos. ¿Si contrataran personal o servicios, tendrían ganas de pagarles a expertos así? ¿Qué imagen da uno en estos casos? ¿Se han puesto a pensarlo?

Les aclaro que mi abuela materna no sabía si una palabra iba con “g” o con “j” y, a veces, se confundía la “c” con la “s”. Ella solo había ido a una escuela rural primaria cuando podía, montada en un caballo que compartía con los hermanos. Pero acá estamos hablando de graduados universitarios, no de una operaria textil de una fábrica (con todo el respeto que me merecen los obreros). Y lo que mi abuela no pudo hacer por ella, lo hizo por la hija: la mandó a estudiar el Magisterio. Cualquiera puede mejorarse, con un poquito de esfuerzo, eso sí. Eso me enseñaron mis raíces que se bajaron de los barcos.

Imagínense por un momento que llaman por teléfono a una empresa y la persona del conmutador, al atenderlos, pronuncia mal las palabras o las usa mal, se traga las “s” y delicias así. ¿Qué impresión causa esa empresa? ¿Contratarían sus servicios? ¿Le pagarían a gente así?

En el mundo en el que vivimos, si uno no habla bien, si no se expresa correctamente, parece que no existe. Nadie le presta atención. Es importante trabajar con la palabra oral, tan intangible, liviana, fugaz y viva, y también con ese algo duradero, inmóvil y rígido que es la letra impresa, que es buena y hay que saber utilizar. Si no, nos va a resultar muy difícil desarrollar nuestro propio potencial como seres humanos.

Si podés soñarlo, podrás hacerlo. Y las palabras nos pueden ayudar a imaginar a la persona en que soñábamos convertirnos. Por algo hay que cuidarlas.


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Reflexiones: El cuento como ser vivo (segunda y última parte)

Enfoque orgánico y biológico para una aproximación a la teoría del cuento.

En mi carácter de lectora feroz, cuentista, narradora oral, correctora de originales y traductora literaria, he estado relacionada desde hace décadas con estos organismos preciosos y amables que son los cuentos. Conozco su morfología, especies, variedades, olores y sabores; los disfruto, sé descubrirlos dondequiera que se oculten. Y ellos sienten predilección por mí.

No es mi intención presentarme aquí como la inventora del té con leche, sino compartir con ustedes algunas reflexiones que he acumulado, después de vagar mucho y con placer por el fabuloso mundo de los cuentos.


Todos los cuentos no son iguales. ¿En qué se diferencian los diversos sistemas o cuentos entre sí? ¿Por qué hay cuentos más complicados o sencillos?

Una estructura más complicada que otra no obedece, simplemente, al mayor número de piezas presentes. En otras palabras, la complejidad de un sistema-cuento no depende de la cantidad de sus elementos constitutivos, sino de la riqueza de las relaciones entre ellos. Cada elemento, molécula o célula de un cuento posee un grado de acción cualitativamente distinto, según esté incluido en un sistema complejo o en uno simple (la descripción de la naturaleza en un cuento puede ser un mero adorno de la trama, pero en otra historia, puede reflejar el estado de ánimo del protagonista).

Todo relato es un sistema de comunicación (algo quiere decir el que lo escribió). El cuento sería como el tejido de sostén de la idea o intención narrativa del autor (damos por sentado que esta persona tiene una idea clara de lo que quiere transmitir). Sólo se trata de lograr un determinado equilibro, para que el relato llegue a buen puerto. El objetivo es alcanzar “el estado óptimo del cuento”, tanto dentro del autor como dentro de los interlocutores o lectores, para que el relato pueda desarrollarse y florecer ante sus destinatarios. De esta manera, la magia del cuento puede circular y prosperar. No nos olvidemos que los cuentos también intervienen en la relación entre los individuos de manera sociológica (el acto de narrar implica compartir, uno no escribe para sepultar el texto en un cajón, sino para someterlo humildemente a la consideración de los demás, con todo lo que ello trae aparejado). Este principio es de especial importancia para el normal desenvolvimiento del cuento.

Una historia produce un efecto que se envía al receptor, en donde desencadena una reacción específica. El cuento, por lo tanto, es portador de información, de un mensaje. El relato está formado por pequeñas corrientes de ideas o temas que confluyen, a su vez, en corrientes mayores que se encuentran en un centro o núcleo que crece rápidamente hasta el clímax o resolución de la historia, para después entrar en el período de reposo (el final). El cuento, al ser transmitido oralmente o leído, desencadena una reacción significativa en aquellos alcanzados por él (algunos relatos no nos dejan “fríos”; las historias bien contadas no son “biodegradables” o sea, no pasan por nosotros sin dejar rastros).

También es necesario ser conscientes de que el acto de hablar y de escribir consta de tres elementos estructurales: palabra, sintaxis e idea, ordenados jerárquicamente y que poseen autonomía relativa, aún cuando cada frase exige una coordinación seriada (una oración que expresa una idea o concepto, después otra y así sucesivamente). Es conveniente un orden claro en el discurso (expresión oral o escrita), como vehículo para la transmisión o comunicación adecuadas del relato.

El cuento activa o inhibe una reacción determinada en su destinatario (atrapa la atención, impide que el interés por él decaiga). La acción o efecto de una historia es proporcional al grado de concentración de la sustancia que es el relato (hay cuentos leves o pesados que evocan reacciones, estados de ánimo y comportamientos diferentes). Nunca está de más recordar que una obra de arte es fuerte y químicamente pura. Esto último no lo digo yo, lo dice mi maestro Alberto Laiseca.

Algunas historias se difunden en forma rápida, otras llevan cierto tiempo de asimilación por parte del destinatario. El proceso de comprensión y goce del cuento tarda más o menos, según la velocidad de llegada (si un texto es fácil o hermético) y su inventario de mensajes (las riqueza o no de las relaciones entre los diversos componentes de la historia).

El relato no se vincula con su destinatario (lector u oyente) de manera simple y por una única vía, sino por muchos caminos que pasan a través de distintas áreas. El cuento penetra en su receptor a través de los sentidos corporales, emociones espirituales, sensaciones físicas, filtros mentales (prejuicios, escala de valores, actitudes ante la vida, dificultades físicas y psicológicas). Estos filtros están dados por el género, edad, raza, clase social, lugar geográfico de origen, nivel educativo, orientación sexual, ideología política, convicciones religiosas, etc.

Todo buen cuento “funciona” porque tiene en su interior un buen mecanismo de relojería (los recursos de los que dispone el autor para contar su historia por escrito). Este mecanismo de relojería es independiente de los estímulos externos (la lectura por parte del lector). El cuento tiene una actividad espontánea dentro de su universo y crea un efecto en el receptor. Siempre hay dentro de un relato alguna estructura que genera un movimiento (el discurrir del cuento desde la introducción, en la que ese nuevo universo se instala ante el lector, hasta desembocar en el desenlace, donde confluyen y se desagotan todos los elementos o subcorrientes de la trama). Dentro del mundo de un relato, hay estructuras visibles y otras latentes, hay disparadores que impulsan los hechos del cuento, hay un determinado comportamiento espacio-temporal (algo pasa en algún momento, en algún lado). El mecanismo central de relojería del cuento mantiene el ritmo del movimiento del relato (por ejemplo, si se trata de una historia de pura acción, introspectiva, morosa).

Por lo general, un cuento no es un organismo estático, sino un universo o sistema que se desarrolla de manera dinámica. El cuento tiene un proceso de floración, esplendor y marchitamiento, en el cual el factor tiempo desempeña un papel especial (lleva su tiempo leer una oración tras otra, escuchar una frase tras otra). El relato-flor se despliega, se abre, se extiende y se retrae en el espacio de su universo y este es el devenir temporal de un acontecimiento (la historia que se quiere contar, las peripecias o aventuras que suceden).

Para que el producto final (resolución de un cuento) esté regularmente vinculado con el punto de partida (la introducción), el desarrollo (o nudo) debe obedecer no sólo a un plan espacial preciso, sino también a un plan temporal. Un organismo-cuento consta, efectivamente, de muchas partes individuales formadas por diversos elementos. Pero esta complicada mezcla de procesos y materiales debe estar sincronizada de tal modo que, en cada instante, el producto sea sólo uno, el mismo organismo-cuento en los diferentes estados de su metamorfosis, hasta llegar a la resolución final. Por ejemplo, si un escritor cambia de idea a mitad del cuento, se desvía de su intención narrativa original y empieza a escribir otra cosa, sin efectuar los ajustes necesarios en su universo, al final, tenemos dos cuentos abortados dentro de uno incomprensible (la crisálida no se pudo transformar en mariposa). Aún cuando un solo elemento del conjunto de componentes del organismo-cuento “pierda el paso”, se producirán distorsiones que, si son especialmente graves, destruirán por completo lo que es el cuento (su sentido). Esta es una comparación muy simplificada de la sincronización de los procesos individuales de que consta el organismo-cuento.

Este organismo comienza como un sustrato potencial no diferenciado (introducción o esbozo del relato), pasa por diversos estados intermedios (peripecias de la trama, recursos técnicos del escritor) y, por último, termina como una forma totalmente manifestada (la conclusión). Todo cuento debería tener el tiempo disponible que sea necesario para atravesar los estados intermedios. La extensión de ese intervalo depende de la riqueza o no de las relaciones entre los diversos elementos del cuento. No es conveniente que el relato quede detenido en una etapa de desarrollo aún incompleta. Las orugas deben transformarse en mariposas a su debido ritmo, ese es su destino. Y es lindo ver un cuento volar.

© Gabriela Villano. 2007.

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Dicen los que saben 5

¿Cuál es la diferencia entre ‘construcción’ y ‘creación’?

G. K. Chesterton nos contesta: “Una cosa que se construye sólo puede amarse una vez que está construida; pero a una cosa que se crea se la ama antes de que exista.”

Gilbert Keith Chesterton (1874-1936, Gran Bretaña). “Prefacio”, en Pickwick Papers de Charles Dickens.


El compromiso con el acto creativo es una entrega a lo desconocido. Bastante parecido al acto de amar, ¿no?


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Reflexiones: La estructura de los cuentos a partir de lo sexual (segunda parte)


Semejanzas entre el acto de escribir y el acto carnal. Clases de comportamiento “amatorio” de los cuentos, según este paralelismo jocoso y de buen gusto.

Como les dije en la primera parte de este artículo, estas reflexiones biológicas y orgánicas se basan en mi experiencia como lectora feroz, cuentista, narradora oral, correctora de originales y traductora literaria. No pretendo presentarme aquí como la inventora del helado, sino compartir con ustedes algunas reflexiones que he acumulado, después de vagar mucho y con placer por el fabuloso mundo de los cuentos.

Cabe aclarar que, en estas reflexiones, no vamos a poner bajo el microscopio los cuentos enrolados en el género erótico, sino que examinaremos las estructuras de armado o confección de los relatos en general y su modo de relacionarse con el lector (comportamiento amatorio).


Después de pasar por la introducción, llegamos al:

Desarrollo (el durante, en plena “intimidad”)

Una vez hecha la introducción del relato, el nudo o desarrollo se nos presenta de varias maneras. Hay relatos sádicos que, a partir de este momento, nos hacen sufrir y se divierten al inflingirnos dolor, a veces, mediante la acumulación de suspenso o misterio en la trama (uno se muere de ganas de saber cómo termina la historia y le duele aguantarse hasta llegar al final).

Lamentablemente, este efecto también puede ser el producto de una pluma insoportable. Hay lectores masoquistas que se la aguantan como comandos de elite, sin importar la calidad del escrito que tengan debajo de las narices. Hay que terminarlo sí o sí, caiga quien caiga (por lo general, uno).

Hay cuentos que nos mortifican con crueldad y sutileza, paso a paso, pero nos entregan un goce positivo. Otros vienen en catarata, arrebatan y abruman (el estilo “tsunami” también tiene su encanto). Hay algunos que son un dulce suplicio (vale la pena postergar el momento de la gratificación o desenlace) o bien son un castigo atroz (aquellos que no se pueden leer por ininteligibles o pesados).

Respecto de esta última variedad tremebunda, todo depende de la capacidad de aguante masoquista del lector y de cuánto le guste la tortura o ser humillado por aquellos escribientes pedantes que creen que el lector es un infradotado y lo tratan como tal. También depende de las ganas que uno tenga de ser golpeado e insultado por un relato mal confeccionado y por una ortografía, puntuación o redacción que dan lástima. Hay de todo, para todos los gustos.

Lo peor es que el pobre cuento con defectos de confección se debe someter a tratamientos dermoestéticos y cosméticos, cuando no cirugía mayor y diván, para poder remontar la depresión en la que se ha hundido ¡porque nadie le lleva el apunte! Lamentablemente, la forma viciada arruina el fondo que, de por sí, puede ser valioso e interesante. No sean crueles con los relatos, que los voy a denunciar a la APC (Asociación Protectora de los Cuentos, con sede en Ginebra).

Existe un fuerte componente emocional en el deseo del lector, y hay algunos a los que les encanta que el cuento los domine o los someta. Creo que se trata de gente que tiene ganas de ser controlada por la magia del cuento, tanto que hasta se olvidan del tiempo que marca el reloj, del entorno y del propio cuerpo. Este placer mutuo es esencial para la satisfacción del cuento y del lector (a los relatos también les gusta que uno los acaricie al pasar las hojas, los repase con la vista y regrese a ellos una vez más).

Así que, en este momento del desarrollo del relato, tenemos a un lector que, por lo general, presenta los siguientes síntomas: aumento del ritmo respiratorio y de la presión arterial (por el suspenso, misterio o emoción del cuento), taquicardia (producto del miedo o ansiedad, según el género narrativo), vasocongestión de la piel (hay historias que nos hacen poner colorados). Algunos lectores sensibles hasta se hiperventilan y no se pueden quedar quietos en su asiento. Si la estimulación directa producida por el cuento se prolonga, todo el cuerpo se pone tenso, todo adquiere velocidad y se espesa, todo aumenta y se endurece (estoy hablando de la atención, que se enfoca como un rayo láser y no se dispersa ni distrae, pase lo que pase en el exterior). En este momento de la historia, las hormonas liberadas por el cuento hacen que el lector se ponga de buen humor y ayudan a disminuir el grado de irritabilidad y angustia (aunque si a uno lo interrumpen justo en esta etapa de intensificación y promesas, le agarran ganas de matar gente).

Claro que nunca falta algún desubicado con expectativas falsas respecto del cuento, lo cual genera incomodidad y falta de autoestima en el pobre relato, que no sabe cómo diablos satisfacer a ese exigente que le tocó en suerte. Por supuesto, tampoco escasean los lectores más interesados en la cantidad que en la calidad, que compiten como maratonistas, al estilo “máquina sexual”, para ver quién lee más cuentos en una sola sentada. Hay gente para todo.

Hay historias de nunca acabar. Sí, en ese sentido. Hasta que uno, resignado y agotado, se marcha. Hay otros cuentos en los que se nota mucho que el autor, en un momento de la trama, se cansó de escribir, apresura el desenlace así nomás porque está apurado y abandona al lector sin contemplaciones, después de sublevarlo con las palabras y dejarlo con una desazón insoportable. Plumas irritantes y molestas.

Hay cuentos que acumulan tensión y suspenso; escalan, trepan, aumentan, suben (“¡Sí, sí, más!”, exclama el lector, ya sin cordura ni control). Es imposible dejarlos, te atrapan, te hipnotizan, te sublevan, te hacen gozar de una manera impresionante. El lector siempre quiere más, se traga los párrafos, tropieza con los ojos por encima de las palabras; quiere, pero no quiere llegar hasta el final (“¡Que dure un poquito más!”), hasta que la tensión se vuelve insoportable y hay que hacer algo para descargarla, porque si no, uno se va a enloquecer; algo le va a estallar.

Y estalla.

Cuando llegamos al clímax del relato, se genera una sensación indescriptible, producto de un maremoto biológico y psicológico que, si todo sale bien, genera una sensación de saciedad en el lector. Pero no siempre.

En el momento crucial del clímax, en pleno auge, aparecen dos clases posibles de cuentos. Están aquellos que, al final, entregan lo que prometieron al principio, y a uno sólo le quedan ganas de servirse un trago o prender un cigarrillo (yo no fumo) y contárselo a los amigos.

También están los relatos que amagan, muestran, insinúan, alardean y cuando llega el momento de la verdad, se quedan en un “coitus interruptus”. “¡Tanto lío para esto!”, exclama el lector frustrado (con toda razón). También hay cuentos engañosos que, en la “introducción”, te prometen una salva de cañonazos y, al terminar, sólo te quedás con una mísera cañita voladora que apenas chisporrotea un ratito. “¿Tanto tiempo y trabajo de lectura para semejante desenlace?”, se irrita el lector. Y ni qué hablar del precio que pagó por el libro. Desencanto, engaño. Nunca más con este (relato o escritor).

Lamentablemente, también hay cuentos “precoces”. Terminan antes de lo que corresponde y el lector se queda transformado en un gran signo de interrogación. ¿Qué es lo que acabo de leer? ¿Ya se acabó? ¿?

Y así, entre gozos y sombras, llegamos a la fase del Desenlace, que continuará en la próxima entrega.

© Gabriela Villano. 2007.

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