sábado, 28 de abril de 2012

Reflexiones: Los libros digitales y Umberto Eco

UMBERTO ECO Y LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS EN EL MUNDO EDITORIAL: CÓMO HACER PARA DEDICAR UN LIBRO DIGITAL

“El libro de papel no desaparecerá” y “la computadora es amiga de los libros”, fueron algunas de las definiciones que dejó Umberto Eco en su conferencia en el Salón del Libro de París en 2010. (…) “La computadora multiplicó los libros. Hoy nos la pasamos imprimiendo”, afirmó Eco, para luego asegurar que, entre sus ventajas, “la computadora permitió que todos puedan publicar sin pagar, así que arruinó a los editores que cobraban para publicar a los malos poetas” y que también dio nuevos lugares de expresión allí donde hay dictaduras.

“Sin embargo, para el autor de El nombre de la rosa, “Internet es un gran peligro para los libros porque no filtra. La cuestión es saber cuáles son los lugares donde buscar información sobre temas que no son de nuestra competencia. Si tengo que buscar algo sobre Física, no estoy en condiciones de saber qué es serio y qué no. Es un problema, porque la cultura radica en conservar algunas cosas y en dejar pasar otras. Ésa es su fuerza. Así que la materia del mañana en las escuelas será enseñar a filtrar”, explicó.

“La feria del libro más importante de Francia dedica cada año más espacio al libro digital y a los nuevos dispositivos de lectura, un tema que hace más evidentes ciertos discursos que anuncian la muerte del libro, en particular del de papel, contra los que Eco se enfrenta. “Hoy sabemos que un libro de papel dura al menos 600 años, porque lo tenemos. Pero en la actualidad, no tenemos ninguna prueba científica de que lo digital pueda durar. ¿Quién puede garantizar cuál será la duración de un disquete y si lo podremos utilizar en el futuro? El libro de papel se hace y nadie lo puede cambiar”, aseguró Eco, y dijo, en tono jocoso, que otra desventaja es que aún nadie sabe cómo se hará para dedicar un libro digital.

“Según el italiano, la cuestión que plantea el libro electrónico ante el pirateo tampoco es nueva para los libros, y dio como prueba que él tiene la primera edición de Los tres mosqueteros, de Alejandro Dumas –de 1844–, y que no es la oficial francesa, sino una que apareció dos meses antes en Bélgica en edición pirata.

“Eco recordó que en los 60 se hablaba del triunfo absoluto de la cultura de la imagen; argumento que quedó refutado con la computadora, que “impone el retorno a la cultura alfabética”. Ahora bien, “¿cuánta gente pasa hoy sólo por la cultura de la imagen y cuánta por la alfabética?”, se preguntó el semiólogo para decir: “Las estadísticas son muy claras: el problema es que se va a organizar una clase dirigente alfabetizada y un proletariado que es esclavo de las imágenes. Las últimas elecciones italianas son la demostración de eso: un tipo inteligente que es capaz de dominar el universo de las imágenes puede vencer a los que leen”.

“Quizá la utilización de la computadora después pase del 30% al 90%, pero por el momento hay una diferencia muy clara entre los ricos y los pobres”, siguió Eco, y aseguró que debe ser prioridad “enseñar a las próximas generaciones cómo leer las imágenes”.

Para concluir, Eco fue piadoso con las debilidades humanas y evocó a los animales: “Las gallinas tardaron un siglo en darse cuenta de que no tienen que cruzar la calle porque los autos las atropellan. Ahora aprendieron, pero les llevó un siglo. Así que dense cuenta de lo que nos pasa a nosotros con las computadoras”.


Por Iván Schuliaquer, desde París
Fuente: Crítica
Más información: www.criticadigital.com. Alrededor del 9 de abril de 2010.

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Dicen los que saben 58

Frases de cuento:

Las personas siempre han contado cuentos. Mucho antes de que la humanidad aprendiera a leer y escribir, todo el mundo escuchaba cuentos. Y había narradores que los contaban mejor que otros, es decir, que la gente les creía más sus mentiras.
Günter Grass

Mucho de lo que cuento en primera persona como si se tratara de una autobiografía es pura mentira. Ahora, que esas mentiras puedan tener una cantidad de verdad dentro, es otra cosa.
Rosa Montero

Desgraciadamente yo no tuve quien me contara cuentos; en nuestro pueblo la gente es cerrada, sí, completamente, uno es un extranjero ahí.
Juan Rulfo

La novela, dicen, es un género que abarca todo, es un saco donde cabe todo, caben cuentos, teatro o acción, ensayos filosóficos o no filosóficos, una serie de temas con los cuales se va a llenar aquel saco; en cambio, en el cuento tiene uno que reducirse, sintetizarse y, en unas cuantas palabras, decir o contar una historia que otros cuentan en doscientas páginas.
Juan Rulfo

Conforme se publica un cuento o un libro, ese libro está muerto; el autor no vuelve a pensar en él. Antes, en cambio, si no está completamente terminado, aquello le da vueltas en la cabeza constantemente: el tema sigue rondando hasta que uno se da cuenta, por experiencia propia, de que no está concluido, de que algo se ha quedado dentro; entonces hay que volver a iniciar la historia, hay que ver dónde está la falla, hay que ver cuál es el personaje que no se movió por sí mismo.
Juan Rulfo


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Cuidemos el idioma 47


Pedro Luis Barcia, director de la Academia Argentina de las Letras, dijo lo siguiente sobre el empobrecimiento del lenguaje en 2008.

“Lo que más me preocupa son dos desvíos del idioma muy graves, la vulgaridad y la pobreza lingüística. Ha habido un empobrecimiento gradual de los comunicadores en el manejo de lo que era el esplendor y la riqueza del léxico que es muy penoso”.

El lingüista y profesor argentino recordó los tiempos en que “los diarios nos enseñaron a escribir y las radios nos enseñaron a hablar”, en contraste con el momento actual en el que “para los comunicadores de radio y televisión todo es 'fantástico', lo mismo un cuento de Borges que unas medias caladas”.

Se trata de “disfunciones graves'” porque si hace 10 años los jóvenes universitarios empleaban una media de 1200 palabras en su vocabulario, hoy utilizan sólo 600 y “el resto son una reiteración de las mismas palabras”.

“El que no tiene posibilidad de hablar con precisión no puede manifestar lo que quiere y es un ciudadano de segunda. No tiene derecho a la libertad de expresión, es cautivo de su propia discapacidad y limitación”.

“En una democracia no es útil una persona que no es capaz de dialogar, de articularse con el otro; y lo que no sale por la boca, sale por el sopapo, por el palo o por la pedrada”, advirtió.


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Crónicas contables 52

El domingo 15 de abril de 2012, comenzó el ciclo “Cuentacuentos en el Museo”, en el Museo Etnográfico Juan B. Ambrosetti, que depende de la Universidad de Buenos Aires y queda en Moreno 350, en pleno barrio de San Telmo, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Desde hace unos siete años el museo invita a contar a narradores orales y desde hace tres, la colega Anabelle Castaño coordina este exitoso ciclo, en el cual diversos narradores de trayectoria ofrecen, un domingo al mes y a las 16.30, sus cuentos, mitos, leyendas y relatos de tradición oral en funciones a la gorra para grandes y chicos a partir de los 6 años.

La función de apertura del ciclo estuvo a cargo de Pedro Parcet y Sasa Guadalupe. La sala se colmó con más de 60 personas y hubo que salir a buscar más sillas, para que todos pudieran disfrutar de las historias de diversas partes del mundo que compartieron con nosotros estos dos narradores de lujo.

Incluimos en esta crónica una foto que nos sacamos después de una función “con mucha magia y buena onda por parte de todos”, como dijo Anabelle Castaño, a quien felicitamos por la cordialidad, energía y buena predisposición con las que coordina esta fiesta entre cuentos que ya va por su tercera edición. En la sección “Espectáculos y eventos” de este blog figura la programación anual del ciclo (perderse estos cuentos es pecado). Los invitamos especialmente a la función del domingo 11 de noviembre a las 16.30, en la cual Gabriela Villano hará de las suyas junto con Geraldine Ricau y Amalia Flores.

Los esperamos en el Etnográfico para pasar una buena tarde de domingo una vez por mes, ¡y que vivan los cuentos!



Fotos: Arriba, de izquierda a derecha: Gabriela Villano (narradora invitada al ciclo), Betty Ferkel, Pedro Parcet y dos de sus admiradoras. Abajo, de izquierda a derecha: Sasa Guadalupe, Alicia Martínez Porto (narradora invitada al ciclo) y Anabelle Castaño.

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Cuentos en el Museo Etnográfico

Los invitamos especialmente a la función del domingo 11 de noviembre a las 16.30, en la cual Gabriela Villano hará de las suyas junto con Geraldine Ricau y Amalia Flores.


Cine cuentero 34: El corcel negro

Películas que hacen referencia a los narradores orales o al arte de narrar.

El corcel negro (The Black Stallion) es una película estadounidense para toda la familia, estrenada en 1979, dirigida por Carroll Ballard y basada en libro homónimo de Walter Farley. Los protagonistas son Kelly Reno, Mickey Rooney, Teri Garr y Cass Ole, el caballo árabe del título.

La película, ambientada en 1946, cuenta la historia de un niño de unos diez años, Alec (Kelly Reno), que se encuentra de casualidad a bordo de un barco con un corcel negro que se transforma en su amigo del alma después de un naufragio frente a las costas africanas. Se trata de una historia conmovedora y sutil sobre la confianza y la amistad, llena de un preciosismo visual encantador y, a la vez, poderosa y sencilla.

Al principio de la película, hay una escena en la cual el padre de Alec le muestra al niño en su camarote los objetos que ganó durante un juego de cartas sobre cubierta y le entrega una pequeña figurita o estatuita de Bucéfalo, el famoso caballo de Alejandro Magno. Luego, le cuenta la historia sobre cómo Alejandro logró domar a Bucéfalo y transformarse en su amo. Huelga decir que esa historia le servirá de inspiración al niño mientras él y el corcel negro intentan sobrevivir en una isla desierta hasta ser rescatados por unos pescadores portugueses. Y la estatuita de Bucéfalo también desempeñará una función en la trama posterior.

Y ahora los dejamos que disfruten de esta película deliciosa, un verdadero festejo visual (la dan por cable de vez en cuando) con esta frase muy atinada: "El amor es el triunfo de la imaginación por sobre la inteligencia." H. L. Mencken (editor estadounidense, 1880-1956).


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jueves, 5 de abril de 2012

Reflexiones

De los “horrores” que comenten los estudiantes y cómo pueden crear nuevos sentidos sin proponérselo. ¿Qué hubiera dicho Borges al respecto?

(…) “Cuando estudiábamos en la universidad, circulaba una colección de anécdotas sobre lapsus perturbadores de los que alguien había sido testigo. Resultado de la simple y llana ignorancia, de alguna distracción al tomar apuntes, de una memoria precaria cuando se estudia contra reloj o de los nervios traicioneros frente a la situación de examen, las equivocaciones estudiantiles tienen la propiedad de actuar sobre los contenidos escolásticos —como un ácido cuando corroe el metal— sometiéndolos a extrañas mutaciones de sentido hasta convertirlos en un absurdo.

"Se decía, por ejemplo, que alguien había hecho referencia en un examen a los textos de Willy Cané, escritor sobre quien nadie más que el interesado había escuchado hablar. Ese intempestivo agregado al canon de la literatura argentina, que suena a nombre artístico de cantante pop, era en realidad una síntesis de los nombres de Eduardo Wilde y Miguel Cané. Alguien había dicho “Wilde y Cané” y otro, improvisando una desmedida sinalefa, entendió “Willy Cané”. De pronto, por obra y gracia de una mala escucha, la literatura había dado a luz a un ente puramente nominalista, una criatura bifronte a quien se le adjudicaban vaya a saber qué obras: tal vez Juvenilia, Prometeo y cía., o En viaje por mares y por tierras o Charlas literarias aguas abajo.

“En otra anécdota, ‘Las velas de Ayolas’ —el reiterado ejemplo utilizado para explicar cómo funciona la figura retórica de la sinécdoque— se había transformado, mediante un pequeño enroque fonético, en ‘Las bolas de Ayelas’. En esa nueva formulación, la contigüidad ya no permitía pasar de los barcos comandados por el conquistador Ayolas a sus velámenes, sino que se abismaba en una vecindad mucho más inquietante donde el pobre Ayelas pasaba a ser sólo un gran par de testículos. Y así, mediante una inesperada paranomasia, el todo ya no podía ser representado por la parte sino que la exhibición de las partes (las partes pudendas) terminaba arruinando todo.

“Me contaron también que, en la Facultad de Psicología, un estudiante hizo referencia a ‘La gorda primitiva’ cuando fue interrogado sobre el ensayo ‘Tótem y tabú’, de Sigmund Freud. ¿Qué pudo entender del texto alguien que aplica a ‘la gorda’ los predicados que pertenecen a ‘la horda’? Acaso debía inferirse que la religión y la moral no se habrían originado en el temor y el sentimiento de culpa de la horda primitiva confabulada para asesinar al padre, sino que ese parricidio respondería al rencor de una salvaje con sobrepeso que se ocupó de ultimar al líder despótico.

“Pero, sin duda, el caso más desopilante fue el de ‘Las indiscreciones de los cardos’, extraño título (a mitad de camino entre el chisme y el cadáver exquisito) que bien podría aludir al texto de la imposible colaboración de Manuel Puig con André Bretón. La imaginación del transcriptor no iba tan lejos, sin embargo, y detenía la semiosis ilimitada del título atribuyéndoselo a Jorge Luis Borges. El ignoto ensayo, en realidad, era el resultado de escuchar mal el título menos hermético, menos lírico y más burocráticamente descriptivo que se anuncia en ‘Las inscripciones de los carros’. Yo leí esta mención equivocada en una de esas desgrabaciones que hacían los negocios de fotocopias en los alrededores de la facultad y que permitían a los alumnos ausentes reponer lo que se había enseñado durante las clases. Como esos apuntes tenían bastante difusión, se podría conjeturar qué escribieron en sus exámenes aquellos estudiantes que se animaron a explicar lo que Borges había dicho sobre el impulso chismoso y malediciente de ciertos vegetales con espinas.

“O sea: un error, pero que no deriva hacia el mero disparate sino que propicia la creación de un nuevo sentido. Se trata de un pequeño cambio que produce diferencias notables. De pronto —así como el cuerpo se tambalea al tropezar con una piedra—, también aquí un pequeño traspié de la lectura pone todo en entredicho. Es un mínimo corrimiento fonemático, pero que produce una alteración semántica radical. No un sinsentido, sino un sentido otro que entra en una relación compleja y contradictoria con el significado original de la frase. Algo se sale de lugar, pero no desaparece en la insignificancia, sino que somete todo a una nueva configuración significante. Borges, sin duda, habría disfrutado con estas interpretaciones que no hacían sino maximizar su propia dislexia, su modalidad daltónica de la lectura. (…)

“Si digo que Borges habría disfrutado con esos lapsus estudiantiles que adulteran la cita es porque tal vez habría advertido un texto nuevo ‘mejorado —como él solía decir— por las erratas’. En la mala repetición anida, de alguna manera, el gesto estético. Para percibir esto, ni siquiera es necesario llegar a la forma estridente de los lapsus. Antes incluso que ‘las indiscreciones de los cardos’, el concepto mismo del breve ensayo ‘Las inscripciones de los carros’ supone ya un desplazamiento. Todo el texto es un ejercicio de lectura. Y funciona porque Borges, digamos, lee mal. Ejerce una violencia productiva sobre esas anotaciones, las desconcierta, abona un sentido que les pertenece pero que, a la vez, no preexistía a su lectura. (…) La estrategia básica de la elocuencia borgeana, tal como aparece aquí, reside en presentar los materiales en un contexto distinto al que les es propio. En el corrimiento se produce esa resignificación que es el medio ambiente natural del retórico. Es lo que dice el escritor sobre esa sentencia que reza Tus besos fueron míos, ‘afirmación derivada de un vals, pero que por estar escrita en un carro se adorna de insolencia’”. (…)

Fragmentos de El espectador corto de vista: Borges y el cine. David Oubiña. Universidad de Buenos Aires / Universidad del Cine.


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Dicen los que saben 57

Frases de cuento de Jostein Gaarder:


El texto escrito no posee valor intrínseco en sí mismo, se publican muchos libros triviales, incluso demasiados. Lo que necesitamos son buenos cuentos que nos nutran y nos ayuden a crecer.

Más allá de toda división política, cultural e histórica, el cuento proporciona a la humanidad en su conjunto una "lengua materna" común.

Un cuento siempre adquiere los colores que le otorgan el narrador, el ámbito en que se cuenta y el receptor.

No necesitamos aprender a respirar. No necesitamos recordarle a nuestros corazones que deben latir. Tampoco necesitamos aprender a escuchar buenos cuentos y mucho menos a contarlos nosotros mismos. El cuento es una forma de comprensión característica de los seres humanos y, como tal, prevalece por sobre toda diferencia cultural.

¡Y sin embargo, algunas personas dicen que se aburren! ¡Démosles libros! ¡Démosles fábulas que los estimulen! ¡Démosles cuentos de hadas!

Cuando penetramos en el cuento de hadas, avanzamos por una galería compuesta íntegramente por espejos con cristales cóncavos y convexos en una mezcla grandiosa y falaz. Un espejo me muestra tan delgado como un alfiler, el siguiente me devuelve una imagen de obesidad aplastada. En el tercero, aparezco dividido por la mitad y ya no soy una persona, sino dos o tres o diez.


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Cuentos narrados

video

"La inundación", cuento tradicional del NE argentino (adaptación), narrado oralmente por Gabriela Villano.

Cuidemos el idioma 46

“LA PUTEADA ES UN BIEN DE LA LENGUA QUE SE DEBE PRESERVAR”

Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia Argentina de Letras.

(…)
—¿Con cuáles palabras insultaba cuando era chico?
—Yo era muy puteador, pero como mi padre ajusticiaba seriamente a los que puteaban, encontré en un Larousse Ilustrado una frase de Cicerón que en latín sonaba igual a una puteada. Todavía la uso y mis alumno se ríen.

—¿Cuál es el mayor insulto?
—Al parecer uno que se ha hecho corriente y que yo no manejo: andá a la c...de tu madre. Es la negación del insulto porque es de donde uno ha salido y el origen noble que tuvo. Es un contrasentido que se quiera putear con eso, un desajuste desde el punto de vista de la puteada y una grosería mayor. A mí no me preocupan las groserías verbales, pero cuando se hacen frecuentes como veo en un teleteatro como Botineras, me parece excesivo. También pasa en un programa de radio, que parece hecho por una especie de cloaca incesante. Lo censuraría en defensa de la puteada, porque la puteada es un bien de la lengua que se debe preservar para momentos contundentes. Y no hay que pervertirla ni banalizarla, como se hizo con la palabra boludo, que inicialmente tuvo un valor descalificativo y hoy no tiene nada. En cambio, pelotudo ha mantenido un peso específico natural.
(…)
—¿Es cierto que la gente se entiende cuando habla?
—La gente se entiende menos de lo que cree porque manejan palabras grandes. La palabra grande, al serlo, tiene mucha cavidad y todo el mundo pone algo distinto adentro, como en la palabra amor usada para acostarse con alguien. La intención con que la mujer la recibe es sentimental y el hombre le pone carga erótica. Ahí se produce el malentendido. Por eso es difícil llegar a acuerdos finales. En todas las mesas redondas a las que asisto entran con lo suyo y salen con lo suyo, cuando lo ideal sería que entren con la suya y salga con la del otro, no con las mujeres, sino con las posiciones.

Fragmentos de una entrevista a Pedro Luis Barcia realizada por Daniel Dos Santos el 17/07/10. Fuente: clarin.com

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Cine cuentero 33: Stay


Películas que hacen referencia a los narradores orales o al arte de narrar.

Stay, conocida en castellano como El umbral o Tránsito, es una película de suspenso a lo Hitchcock que se estrenó en 2005 con guión de David Benioff. Fue dirigida por Marc Forster, el mismo director de Más extraño que la ficción (Ver Cine cuentero 19). Vale la pena hacer esta última acotación ya que la película que nos ocupa hoy es más extraña que la ficción a la que nos tiene acostumbrados el cine comercial de Hollywood.

Cuenta la historia de un psiquiatra llamado Sam (Ewan McGregor) que trata de evitar que uno de sus pacientes, Henry Letham (Ryan Gosling), un estudiante de arte deprimido que carga con un gran sentimiento de culpa, se suicide dentro de tres días. Al intentar salvar una vida humana, el psiquiatra comienza a darse cuenta de que suceden cosas raras a su alrededor, que lo obligan a cuestionarse si no estará perdiendo él mismo la razón.

Si te gustan los enigmas, seguí leyendo. Si te disgustan las películas que te hacen pensar, saltá al párrafo siguiente ya. Si te gustan las películas al estilo Mulholland Drive, de David Lynch, te recomendamos esta, también aderezada con indicios sutiles y sugerencias visuales y sonoras que apuntan al subconsciente del espectador (mirá la película con un amigo psicólogo, así te ayuda, o con un escritor). Si te gustan los cuentos, el final de la película hace recordar, en cuanto a recursos estilísticos, a “El incidente del Puente del Búho”, del genial cuentista Ambrose Bierce (otro que tuvo un final extraño que dejó perplejo a más de uno, como el final de esta película). Si te gusta Shakespeare, invertí el orden de las dos sílabas del apellido del personaje masculino que, aparentemente, no es el protagonista de esta película (ojo con esta gran pista). No te va a resultar difícil entender qué cuernos quisimos decir con la frase anterior cuando, en la película, Sam llega al ensayo de una obra que, precisamente, es el apellido Letham al revés, o sea, Let-ham, ham-Let, Hamlet (más no te podemos ayudar). La frase preferida de la persona que está ensayando la obra es otra gran pista, como también lo es un parlamento del titubeante príncipe de Dinamarca (sí, Hamlet) que ya todos conocen, aunque no hayan leído nunca esa obra y no aparezca dicho nunca en pantalla, el famoso “Ser o no ser”, que es otro tema vital en la historia que se muestra en pantalla (y no elegimos el adjetivo “vital” de casualidad). Y ya que estamos hablando tanto de pantallas, fijate en la historia que se cuenta en imágenes en la pantalla del cabaret.

Pero como aquí reseñamos películas relacionadas con el arte de narrar y no es nuestra intención impresionar con nuestra inteligencia para detectar pistas (algo de ayuda recibimos), elegimos hoy esta cinta por un par de escenas en las cuales los personajes se cuentan historias. Apenas unos minutos después de iniciada la película, Lila (Naomi Watts) le cuenta a su novio Sam (Ewan MacGregor) un chiste sobre un rey, un campesino y una presa que será ultimada por el rey, que incluye una pista sobre la trama, claro que, en ese momento, uno no se da cuenta. Más adelante Leon (Bob Hoskins), un psiquiatra ciego, le cuenta a su colega Sam lo que, para algunos, es la explicación de los sucesos extraños que pueblan esta historia: la ya famosa anécdota referida por Sigmund Freud sobre un hombre que, después de la muerte de su hijo, sueña con un niño en llamas. En la primera versión del guión de David Benioff que circula por Internet, Leon puede terminar de contar la historia, no se ve (perdón por el chascarrillo) interrumpido en medio del relato por la llegada de Henry Letham, como sucede en pantalla. El director optó por abreviar esta escena, insertando una imagen significativa a modo de conclusión y explicación, que dura un instante y que apenas se percibe. En el guión Leon explica, a través de la historia que le cuenta a Sam, cómo aquello que nos rodea afecta nuestra psiquis, incluso bajo la forma de sueños (los famosos restos diurnos que usa nuestra imaginación onírica o nuestro subconsciente cuando soñamos). Estos dichos de Leon son de importancia capital para entender qué cuernos está pasando en esta película, en apariencia, delirante. Suponemos que, en esta escena, el director no quiso ser demasiado obvio y apostó a la rapidez del ojo humano para captar esa imagen insertada y sacar conclusiones sobre la marcha, y también confió en que los espectadores estarían familiarizados con La interpretación de los sueños, de Sigmund Freud, y con su teoría sobre cómo los sueños son la manifestación disfrazada de deseos escondidos, sobre la manera en que el inconsciente manipula el conocimiento que le viene del entorno, sobre cómo nuestra imaginación trata siempre de protegernos y sobre la naturaleza frágil de la memoria y percepción humanas. Al parecer, fue una apuesta demasiado arriesgada, lo cual se reflejó en el mal desempeño de esta película en la taquilla y en los malos comentarios que recibió, algo bastante injusto, a nuestro modo de ver.

Para algunos, esta cinta es un ejemplo de aquello que Freud llamó “Das Unheimliche” (“the uncanny”, "lo opuesto a lo familiar"), que tanto ayuda a generar un clima perturbador o desestabilizador la primera vez que uno ve esta película (se necesita verla más de una vez y no en un cine). Para nosotros, es un ejemplo de los peligros que acarrea el no permitir que un narrador (Leon) termine de contar su historia, gracias a la tijera de un director. No hay nada más molesto que dejar un relato a medio narrar.

Si querés leer el cuento de Ambrose Bierce al que hicimos referencia anteriormente, hacé clic en: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/bierce/puente.htm


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