miércoles, 28 de septiembre de 2011

Dicen los que saben 52:

Frases de cuento

Los novelistas y los editores creen que una novela es más importante que un cuento. No les creas. Sólo es más larga.
Abelardo Castillo

Yo no tendría ningún interés en escribir si supiera de antemano lo que va a pasar en mis cuentos.
Juan Carlos Onetti

Si soy honesta debo decir que todavía leo cuentos de hadas y son los que más me gustan.
Audrey Hepburn

La vida en sí es el más maravilloso cuento de hadas.
Hans Christian Andersen

Y como si yo hubiera sido, en un cuento de hadas, la nodriza de una princesita, reconocí el pequeño lunar en su flanco.
Vladimir Nabokov


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Cuidemos el idioma 41

LAS “TELENOVELAS” EJEMPLARES”: TALÍA, BETTY LA FEA Y EL IDIOMA DE CERVANTES
Por Jorge Ignacio Covarrubias

La Enciclopedia del español en el mundo, el más completo catálogo sobre la difusión del español en todo el planeta, revela que las telenovelas desempeñan un papel fundamental para que una legión de televidentes de todo el mundo se interese por el idioma de Cervantes y por la cultura hispanoamericana.

El interminable anecdotario es ilustrativo de la enorme difusión de los “culebrones” o “teleseries” que el filólogo Alberto Gómez Font califica de “escaparates del idioma” y el libretista Luis Zelkowicz de “catedrales del habla popular”.

Para el lingüista Humberto Hernández, las telenovelas “son determinantes en la actual expansión y conquista de la lengua española en el mundo. Son buenas transmisoras de la lengua española en todas sus variedades lingüísticas y están haciendo una buena promoción del español en el mundo”.

Si bien la enorme mayoría admite la monumental difusión de las obras del género en el planeta, no todos las miran con buenos ojos. Uno de los representantes de esa minoría es Delibor Soldatic, jefe de cátedra de Estudios Ibéricos en la Facultad de Filología de la Universidad de Belgrano. “Según un sondeo improvisado entre los estudiantes”, dice, “unos quieren estudiar español porque ‘suena hermoso’ o porque, lamentablemente, se ven impresionados por las telenovelas, mientras que otros aspiran a leer en el original a Cervantes, García Lorca o García Márquez”.

Ese parece ser el factor decisivo en la utilidad de las novelas para difundir el idioma. Según reconoce un artículo sobre el español en Rumania, “el éxito de las telenovelas sudamericanas, que se emiten siempre subtituladas al rumano y sin doblar, ha habituado a muchas rumanas a la lengua de Cervantes”.

En dos ponencias en el Primer Congreso de la Lengua en la ciudad mexicana de Zacatecas, en 1997, se sugirió utilizar el formato de la telenovela para contribuir a la enseñanza del español. En una de ellas, la autora cubana María Elena Pelly propuso específicamente “la inclusión en la clase de español como lengua materna el análisis, según niveles de enseñanza de rasgos  variacionales observables en productos televisivos procedentes de otros países hispanohablantes, como telenovelas, series, aventuras, etcétera”. En la otra, la mexicana Carmen Koleff y la sueca Marianne Akerberg propusieron una telenovela para enseñar el idioma.

No solamente el género, sino el mismo medio de transmisión parece ser un vehículo pedagógico idóneo, como dice Gloria Bazzochi en su artículo “El uso de la televisión en la clase de español como lengua extranjera”, en la Enciclopedia del español en el mundo. “La exposición a situaciones de contacto con la lengua y la cultura a través de un instrumento familiar y cotidiano como es la televisión puede contribuir también a tomar mayor conciencia de la propia cultura en un significativo proceso de interacción mutua.”
(…)
En un autorizado estudio sobre las telenovelas en su libro “La globalización del léxico hispánico”, López Morales destaca la importancia del género para ampliar la nómina pasiva, definida como la terminología que se entiende, aunque no se use, como el caribeño “chévere”, que muchos españoles han llegado a conocer por medio de las telenovelas, aunque no lo usen en su conversación. Equivale a ampliar el arsenal léxico.

En el I Congreso de la Lengua en Zacatecas, la cubana María Elena Pelly dice que las telenovelas, como fuente de difusión de variantes dialectales, “permite apropiarse pasiva o activamente de rasgos más o menos típicos de otras regiones hispanohablantes. Aumenta en cada espectador el conocimiento de su lengua, con lo cual ella se fortalece”.

Ese conocimiento de términos que favorece la telenovela –aunque sea para agregar al bagaje sin usarlos necesariamente- podría permitir que muchos hispanohablantes se enterasen de los más universales, como “piscina”, que para la comunicación general es preferible al mexicano “alberca” o al argentino “pileta”. Asimismo, permitiría conocer las diferentes acepciones de los términos en distintas latitudes, como los casos de “coche” y “carro”, que tienen valor opuesto en Colombia y en el Río de la Plata, o para que la generalidad de entere de que la gasolina también puede ser llamada “nafta” en la Argentina y “bencina” en Chile.

No son menos quienes consideran que los culebrones contribuyen a la unificación de la lengua. El director de la Academia Argentina de Letras, Pedro Luis Barcia, sostiene que “hoy los diarios y las telenovelas son el mejor instrumento de unificación idiomática”.

Para el filólogo español Alberto Gómez Font, coordinador de Fundéu, las telenovelas son, a la vez, vehículo y reflejo de la unidad del segundo idioma internacional en el mundo. Por una parte, nos dice, “las telenovelas desempeñan un papel muy importante de difusión y son propiciadoras de unidad” y, por la otra, destaca que son “reflejo de unidad del idioma”.

A su juicio, sirven para que los hablantes que no tienen oportunidad de viajar “conozcan de primera mano” las distintas variedades de su lengua “y así aprendan a aceptar de forma natural que no sólo existe su forma de hablar, su forma de pronunciar o su forma de llamar las cosas”.

Algunas voces en el mundo del espectáculo advierten sobre el cuidado que los realizadores y protagonistas del género deben tener –y que a su juicio no siempre tienen- para cuidar el lenguaje.
(…)

Fragmentos del artículo publicado en la Revista CTPCBA del Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires, de mayo-junio 2010, número 103.

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Cine cuentero 28: Agua para elefantes

Películas que hacen referencia a los narradores orales o al arte de narrar.


Agua para elefantes es una película romántica estrenada en 2011, dirigida por Francis Lawrence (Constantine, Soy leyenda) y protagonizada por Reese Witherspoon, Robert Pattinson y Christoph Waltz.


La película comienza una noche en el estacionamiento de un circo con un anciano, Jacob Jankowski (Hal Holbrook), obstaculizando el paso de varios camiones, en medio de una lluvia bastante fuerte. Uno de los empleados del circo, suponiendo que el hombre se ha extraviado de algún hogar de ancianos, lo hace pasar a su oficina, y allí Jacob menciona que trabajó en el Circo de los Hermanos Benzini allá por 1931. Esto despierta el interés del empleado, que sabe que ese circo sufrió un terrible desastre en esa época, y anima a Jacob a contarle la historia.


Gracias a este recurso, retrocedemos en el tiempo hasta 1931, época de la Gran Depresión y la Ley Seca en los EE.UU. De la voz del narrador, nos sumergimos en una película pequeña, sin demasiadas pretensiones, pero con el encanto y el glamour de los viejos tiempos de Hollywood. Se trata de una historia de amor que comienza con un joven que huye con un circo, en la que los animales son más nobles que algunos seres humanos, los malos reciben su merecido al final y el chico bueno y bonito (Robert Pattinson, el joven Jacob) se queda con la chica buena y linda (Reese Witherspoon). Luego volvemos al presente, a la historia que está terminando de contar el viejo Jacob, quien de nuevo se escapa con otro circo. Un lindo entretenimiento para pasar un rato agradable.


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jueves, 25 de agosto de 2011

Feliz cumpleaños, blog



2007 = 18 de agosto = 2011

CUMPLIMOS CUATRO AÑOS

DE ESFUERZOS SOSTENIDOS PARA LA COMUNIDAD CUENTERA


Los cuentos del Villano
Parte de una experiencia.
parte de la comunidad.

OFRECEMOS ALGO DE VALOR PARA LA GENTE


Nos leen en Argentina, Colombia, México, Estados Unidos, España, Reino Unido, Chile, Venezuela, Perú, Alemania, Ecuador y China. No hay nada que hacerle, hay villanos en todas partes del mundo.

Gabriela Villano coordina el ciclo:

“Colectivo de Cuentos”
(Narración oral para adultos)

Diferentes estilos y repertorios para alegrarte la tarde
con cuentos variados.

Próximas funciones:

Sábado 10 de septiembre a las 18:
Pedro Parcet, Giselle Rataus y Gabriela Villano

Sábado 24 de septiembre a las 18:
Ivanna Rosselli, Inés Perla y Gabriela Villano

En Chalmers Resto bar
Niceto Vega 5248, (SUM del fondo)
Palermo Soho, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.

A la gorra.

Cuentos por el mundo 36

Aviso a la comunidad cuentera:

Por los tiempos y el volumen de trabajo que manejamos para editar este blog, solicitamos a los interesados en difundir aquí sus encuentros o festivales institucionales de narración oral, tanto nacionales o internacionales, que envíen la información, como máximo, hasta el día 20 del mes anterior al evento en cuestión. Muchas gracias.


El 16 y el 17 de septiembre de 2011 se realizarán, en la ciudad de Mar del Plata, provincia de Buenos Aires, las XI Jornadas “La Literatura y la Escuela”, en homenaje a María Elena Walsh, organizadas por la Asociación Civil JITANJÁFORA., redes sociales para la promoción de la lectura y de la escritura. La convocatoria se encuentra abierta a docentes, directivos, bibliotecarios, animadores y mediadores culturales, ilustradores, libreros, narradores orales, estudiantes y público en general.

Al igual que en las anteriores ediciones, se realizarán conferencias, encuentros con autores e ilustradores, presentaciones de libros, rondas de lectura, narraciones orales, proyecciones, feria del libro especializada, sorteos y talleres de capacitación. Informes e inscripción:



 
Del 23 al 27 de noviembre de 2011 se llevará a cabo en La Habana, Cuba, el Encuentro Internacional de Narración Oral "Cuenta Habana". Habrá mesas redondas, espacios de reflexión, talleres de capacitación, contadas en espacios comunitarios, rondas de cuentos, espectáculos, etc. Informes: claudiocuentos@gmail.com


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Reflexiones: la Historia como relato

El pasado se construye como un relato condicionado por la ideología y la actualidad. Según el narrador y ensayista Horacio Vázquez-Rial, la historiografía tiene pasadizos que conectan con la ficción.


 
“La historia no es una sucesión de acontecimientos, sino un relato.

“Hay quien concibe la Historia, con mayúscula, como ciencia. Esa es la idea dominante y con ese criterio se enseña en las universidades, donde también se dice que su objeto es el pasado. Yo abrigo serias dudas, tanto respecto del carácter científico de la materia, como de su objeto.

“La historia deviene ciencia cuando los historiadores deciden fundar toda su actividad en los documentos, entendidos por tales cualesquiera vestigios del pasado de origen comprobable. Pero el documento no siempre es fiable ni suficiente. Y, de hecho, grandes porciones del pasado han sido construidas en su conjunto a partir de muy escasos elementos. Contamos, por ejemplo, con una reducida porción de las tragedias y las comedias que se escribieron en la Grecia antigua, y lo mismo sucede con los textos de los filósofos. Eso sí: aquellos que poseemos han tenido una enorme influencia sobre su posteridad, en gran medida porque se los ha leído (o representado) una y otra vez a lo largo de los siglos, obteniendo de ellos en cada ocasión nuevas iluminaciones y novísimas interpretaciones; lo que equivale a decir que han sido releídos a la luz de diversos presentes. (...) El pasado, ese pasado, el histórico, está lleno de presente.

“Heisenberg estableció, para las ciencias duras, que la mera presencia de un observador altera las experiencias de laboratorio. Las llamadas ciencias blandas, sociales o del hombre, en cuyo marco se debe inscribir la Historia, se construyen casi exclusivamente sobre la experiencia del observador. Quien, además, es un narrador, con todo lo que ello implica: subjetividad, punto de vista, selección de escenas o momentos mas o menos importantes y, por supuesto, ideología. Es el historiador, el narrador, el que elige y desarrolla, exactamente igual que se escribiera una novela, aunque al amparo del documento.
(...)
“... todo lo que sabemos sobre los antiguos galos se debe a Julio César. No es Heródoto quien orienta a Schliemann en la búsqueda de Troya, sino Homero, (...) los dos son padres de la Historia: los dos narradores.

“Y es que la historia no es una sucesión de acontecimientos, sino un relato; bien que de acontecimientos del pasado pero escogidos con criterios del presente. No hay que preocuparse por ello, puesto que lo que se busca no es reconstruir el pasado, sin obtener de lo que se sabe y de lo que se va sabiendo del pasado, una verdad. El pasado no es restituible, en la misma medida en que no es restituible el tiempo. (...)

“En ese sentido, la cartografía es también un relato. Posee otro de los rasgos de la ficción: representa a escala y es cambiante y perfectible. Norte y Sur, Este y Oeste, son convenciones: Buenos Aires está al oeste de África, pero también está al este del mismo continente. Y está al sur de Brasil únicamente porque decidimos llamar sur a esta parte del planeta y la europeidad de los mapas ha puesto el norte arriba en los globos que figuran el mundo.

“Todo esto me parecería un asunto especulativo y vano, de no ser porque narrar es imponer un orden a lo real, y ese orden, como mencioné de pasada más arriba, es ideológico. No importa de qué ideología se trate, (...) si existe una historia en la que es posible negar determinados hechos, todos corremos el riesgo de hacer lo mismo en más de un momento.

“De ahí que descrea de la expresión ‘memoria histórica’ y de la práctica de ella derivada. O hablamos de memoria, que es un proceso individual, selectivo y lleno de olvido, porque sin olvido no sería posible vivir, o hablamos de historia, que es algo del todo distinto: un proceso colectivo, de estudio y acumulación, en el que tiene un papel central la lucha contra el olvido, el olvido en general, y no en especial el olvido de la injusticia, en cuya función se ha acuñado la fórmula. La lucha mediante la cual se procura que determinadas injusticias no sean olvidadas, y hasta que de su recuerdo surjan compensaciones, es una lucha que, por prolongada que parezca, no afecta en cada caso más que a una o dos o tres generaciones: se mide en las categorías temporales de la vida individual. La historia, en cambio, no está llamada a la reparación, sino a la constancia, a la integración de cada experiencia en el conjunto de toda la especie.

“Si se pretende que la historia dé fe de algo, hay que reelaborar la memoria. Ninguna fuente es menos precisa que la oral, y sólo rinde un fruto apreciable en la medida en que las voces atendidas sean muy numerosas y sea posible apuntar con certeza a las contradicciones y a las coincidencias de protagonistas y testigos.”


Fragmentos de una nota titulada “La historia canta en presente”, de Horacio Vázquez-Rial, publicada en la Revista Ñ del 28 de febrero de 2009, pág. 17.

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Dicen los que saben 51

Fragmento de una entrevista al actor Alfredo Alcón:

–¿Cómo puede aportar el arte a mejorar el país o el mundo?

–La función social es inherente al arte. La búsqueda de la belleza es la búsqueda de la justicia. No puede haber belleza si no hay justicia. La hay, pero a pesar de la injusticia. Uno dice, «¿cómo podés ponerte a escribir un poema mientras está pasando lo de Haití, por ejemplo?». El arte tiene que hacerte afinar el alma, te hace tener más nostalgia de un mundo donde el otro sea tan importante para vos como vos mismo, y donde la injusticia sea vergonzosa, donde te dé vergüenza estar haciendo teatro, saber que después salís y vas a cenar, sabiendo que hay personas que no tienen para comer. Uno se acostumbra a la injusticia, en lugar de estar continuamente acuciado por el hecho de que mientras haya injusticia uno no podría estar tranquilo. Por eso uno cree en la alegría y no en la felicidad. Uno puede estar alegre en un momento y no saber por qué pero es un rato. Esos son los momentos donde uno se acerca a la alegría. Pero la felicidad sería un estado fuera de la realidad, tuyo solamente, cerrado, mirándote a vos mismo o lo que te conviene de vos mismo, en un lugar donde no prestes atención ni a tus propias necesidades. Es difícil de explicar, por suerte los poetas dicen con síntesis, con hondura y con belleza lo que uno tartamudea. Nosotros podemos estar toda la vida tartamudeando y no nos va a salir, y ellos de pronto con una frase sintetizan estos pensamientos. Hay un texto de Eduardo Galeano que se llama «La función del arte», que dice que un niño no conocía el mar y un día le pide a su padre que lo lleve a conocerlo y éste lo lleva. Antes de llegar a la playa tienen que pasar unos médanos y de pronto ante los ojos del chico aparece aquella inmensidad, con aquellas olas enormes a lo lejos y pequeñas en las orillas, los sonidos, los olores, todo ese mundo en movimiento. Entonces el chico le dice al padre: «Papá, ayúdame a mirar». Esa es tal vez la función del arte, ayudar a mirar.

Fragmentos de una entrevista realizada por Natalia Concina a Alfredo Alcón en 2010.
Fuente: Revista Acción
Más información: www.acciondigital.com

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Cuidemos el idioma 40

 EN LA LENGUA SE JUEGA LA IDENTIDAD. ESCRIBE ÁNGELA PRADELLI.

TODO BUEN PROFESOR SABE QUE, EN EL AULA, CUANDO EL LENGUAJE CIRCULA CON VIDA ENTRE DOCENTES Y ALUMNOS, SE CONSTRUYE UNA VISIÓN DEL MUNDO SOSTENIDA EN LA SUBJETIVIDAD DE CADA UNO. LA LIBERTAD ES ENTONCES LA HERRAMIENTA CLAVE DEL APRENDIZAJE.


Hace cinco años (N. de la E.: esta nota se publicó originalmente en abril de 2010), en el marco del Congreso Internacional de la Lengua Española que se celebró en Rosario, escuché a un poeta, el escritor nicaragüense Ernesto Cardenal, afirmar respecto a la muerte de las lenguas: "Cuando una lengua desaparece, no son sólo palabras las que se pierden. Cuando se muere una lengua, es una visión del mundo lo que desaparece". Partiendo de Cardenal, podemos llegar también a la otra orilla y preguntarnos: para que la lengua viva en las aulas,¿qué es lo que se enseña y qué se aprende?

Los profesores, en nuestras clases, tenemos que valorar la vacilación de la lengua como algo sagrado, preservarla en lo insondable de la materia que enseñamos. Escribir una oración breve puede ser una operación compleja y dificilísima. Se ponen en juego no sólo la circulación de las palabras, también los silencios, las jergas, la cadencia, el fraseo. El lenguaje corre allí con su energía creadora. La polisemia de la lengua es casi permanente: es imposible hablar sin matices, es imposible desatender a la vitalidad de ciertas frases y tonos. Los acentos de un poema nos revelan un mundo y nos ocultan otros. La intensidad de una prosa que nos afecta puede perturbarnos.

Los alumnos que leen y escriben poesía en el aula se acercan al secreto más misterioso de la creación. Cuando los estudiantes elaboran argumentaciones y construyen relatos hablan también, siempre, de su propia identidad. Vivimos en un mundo que se desborda de señales, que está repleto de mensajes. Cada gesto, cada color, las posturas, incluso los silencios tienen algo para decirnos.

Pero necesitamos las palabras para cargar a cada uno de ellos de cierta significación. El punto y las comas marcan la respiración de nuestras enunciaciones. Cuando los alumnos construyen sus textos, orales o escritos, deciden también, en la compleja red de la sintaxis, dónde acontecerán sus propios silencios. En la construcción de textos los silencios ya no son sólo límites del lenguaje. En el silencio se oye el eco de la palabra que está presente incluso allí, en su ausencia.

El lenguaje tiene reflejos a partir de los cuales se instala en la creación. Los discursos que acontecen en el aula, los discursos de los otros y los propios, laten en la capacidad de su propia invención. Nada queda fuera: los enunciados de los medios, las conversaciones entre amigos y con las parejas, los mensajes de las autoridades de la escuela, la historia, la filosofía, el cine, la matemática, los blogs, el chateo, los muros del Facebook, los mensajes de texto, las canciones.

Nuestros enunciados, personales y también sociales, nuestros discursos amorosos, profesionales, los diálogos entre alumnos y docentes, cualquiera de nuestros discursos opera sobre una gramática compleja y traza un mapa de nuestra subjetividad. En los pliegues más remotos de nuestra intimidad hay elementos sociales y públicos que inciden en ella y la determinan. Es imposible no oír las distintas lenguas que circulan dentro de la misma lengua.

La riqueza de una clase puede ser ilimitada si valoramos los espacios de los diálogos "interlinguales". La capacidad del lenguaje es tremenda. Por la lengua construimos una mirada personal sobre el universo, nuestra propia humanidad depende de nuestras palabras. La respuesta a qué se enseña y qué se aprende en las clases de lengua la encontramos también en aquel poeta nicaragüense cuando en Rosario habló de la vida de las lenguas. Hacia allí van los aprendizajes, hacia la construcción de una visión del mundo. En el aula, cuando el lenguaje circula con vida entre alumnos y profesores -en las bocas, los cuadernos, las pantallas- se construye, sobre todo, una visión del mundo.

Aunque por momentos, o quizás por eso mismo, el lenguaje se ponga imposible y nos haga balbucear a todos con una lengua de trapo. "Tropezamos, dice George Steiner, en ocasiones visceralmente con impalpables pero rígidos muros de lenguaje. El poeta, el pensador, los maestros de la metáfora, hacen arañazos en ese muro. Sin embargo, el mundo, tanto dentro como fuera de nosotros, murmura palabras que no somos capaces de distinguir."

La intensidad de las palabras que se dicen puede ser tan potente como el vigor de las palabras que se callan. Los que hemos hecho de la lectura y de la escritura los ejes de los aprendizajes, construimos las clases sobre estas dos columnas que nos sostienen y nos permiten atravesar con nuestros alumnos los umbrales siempre infinitos que nos internan en el nervio de las palabras, en la ambigüedad, y también en la música, los sonidos y en el silencio.

Por: Angela Pradelli.
Fuente: Clarín. Semana del 23 de abril de 2010. Más información: http://www.clarin.com/. Gacemail. TEA.

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Cine cuentero 27: El mundo imaginario del Doctor Parnassus


Películas que hacen referencia a los narradores orales o al arte de narrar.


Después de muchos comentarios de visitantes del blog y fanáticos del cine, cuentero y del otro, por fin se dieron las circunstancias necesarias para que pudiéramos ver esta obra que tanto interés ha generado entre nuestros seguidores.

El mundo imaginario del Doctor Parnassus es una película fantástica estrenada en 2009, escrita y dirigida por Terry Gilliam (Brazil, 12 Monos, Los Hermanos Grimm – ver Cine Cuentero 14). Se hizo famosa por ser la última película en la que trabajó el actor Heath Ledger, fallecido durante el rodaje.

El Dr. Parnassus (Christopher Plummer), una mezcla de Matusalén y Fausto, encabeza una compañía estrafalaria de teatro itinerante. Durante sus funciones marginales, hace pasar a miembros del público a través de un espejo mágico en su teatro ambulante, para que cada uno haga un viaje por su propia imaginación. Este mundo onírico está impulsado por el poder mental del Dr. Parnassus en trance, quien dentro de ese universo los hace elegir entre un estado de iluminación (al estilo budista) o uno de ignorancia gratificante (al estilo hedonista).

En un momento de la película, el Dr. Parnassus le cuenta a su hija Valentina que hace unos cuantos siglos atrás, él regía un monasterio perdido en las montañas, en el cual los monjes narraban historias eternamente, para que el mundo siguiera existiendo como tal. Hasta que un día llegó el Sr. Nick (Tom Waits), también conocido como el Diablo, y como no podía ser de otra manera, introdujo el caos en ese monasterio, sellando las bocas de los monjes narradores. De todas formas, el mundo siguió existiendo, según Parnasuss, porque otras historias se seguían contando en otros sitios. En el comentario del DVD, el director Terry Gilliam afirma que algunas personas creen que en el mundo solo hay siete clases de narraciones. Será cuestión de descubrir cuáles son, ¿no?

Como al Diablo no le gusta perder, el Sr. Nick desafió al Dr. Parnassus, a ver quién conseguía captar más almas: el que los hacía desear historias imaginarias (el Dr. Parnassus) o el que les generaba deseos hedonistas (el Sr. Nick). No les vamos a contar quién ganó esa apuesta. Van a tener que ver esta película que, entre otros temas, cuenta la historia de un anciano con una imaginación sumamente vívida que habita en un mundo en el cual la gente ya no escucha.


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Cuentos narrados



Leyenda pampeana de la piedra movediza de Tandil. Adaptación narrada por Gabriela Villano.

Fuente original: Leyendas argentinas, Neli Garrido de Rodríguez, recogida por Esteban Ierardo.

miércoles, 27 de julio de 2011


Gabriela Villano coordina el ciclo:

“COLECTIVO DE CUENTOS”
(Narración oral para adultos)

Diferentes estilos y repertorios para alegrarte la tarde
con cuentos variados.

Sábado 13 de agosto a las 18:
Anabelle Castaño, Geraldine Ricau y Gabriela Villano

Sábado 27 de agosto a las 18:
Vivi García, Elisa Vázquez y Gabriela Villano

 
En Chalmers Resto bar
Niceto Vega 5248, Palermo Soho, CABA.

A la gorra.

Beca FNA - cuentos en escuelas

Hay novedades respecto de nuestro proyecto grupal de funciones de cuentos para escuelas carenciadas, financiado por el Fondo Nacional de las Artes (FNA). Hacé clic en:

Cine cuentero 26: Tesis


Películas que hacen referencia a los narradores orales o al arte de narrar.


Tesis (1996) es una película española de suspenso muy recomendable, escrita y dirigida por Alejandro Amenábar, protagonizada por Ana Torrent, Fele Martínez y Eduardo Noriega. Este primer largometraje de Amenábar fue rodado, en parte, en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, donde el director estudió cine en la vida real.

Ángela (Ana Torrent), una estudiante de la Facultad de Ciencias de la Información, prepara una tesis sobre la violencia audiovisual. Su director de tesis, que la está ayudando a conseguir material de investigación, descubre accidentalmente una película y, al día siguiente, aparece muerto. Ángela descubre que la cinta en cuestión es una película "snuff”, en la cual una estudiante de esa facultad, desaparecida hace dos años, es torturada y asesinada de verdad, sin trucos de montaje ni efectos especiales. Ángela no tiene mejor idea que indagar por su cuenta, sin dar parte a la policía. Y así le va.

Promediando la película, Ángela, junto con Chema (Fele Martínez), un compañero de facultad que la ayuda en su investigación, están encerrados en los túneles alrededor de las viejas calderas de la facultad, lugar que ya nadie frecuenta y guarida de los malos de turno. Ángela y Chema deben escapar de ese laberinto a oscuras, ayudados por una magra cantidad de fósforos. Los dos saben que los miembros de una organización que rueda películas “snuff” en la facultad los van a matar, como ya lo han hecho con varias muchachas desaparecidas. Como Ángela está al borde de un ataque de nervios (no, esta no es una película de Almodóvar), Chema, para calmarla y para evitar que ella lo saque de quicio, le cuenta un cuento “como a los niños”. Y narra una versión muy particular y condensada de “El cumpleaños de la infanta”, de Oscar Wilde, mientras los dos deambulan por los pasadizos en busca de una salida, iluminados tenuemente por la luz de los fósforos que ya casi se les acaban.

Chema es un personaje muy especial, por no decir estrafalario, de modales ásperos y gustos raros, poseedor de una gran colección de películas violentas y pornográficas (la curiosidad morbosa por la violencia audiovisual es todo un tema en esta película). Este muchacho no le cae bien a nadie (y, claro, con esos gustos, modales y la decoración de su departamento…). No resulta muy difícil darse cuenta, mientras él cuenta la historia en los túneles, que se siente identificado con el enano feo y deforme de Oscar Wilde, enamorado de una princesa inalcanzable (Ángela, por supuesto) a la que solo quiere hacer feliz para siempre. No hay nada que hacerle, cuando uno cuenta un cuento, se cuenta.

Son solo unos pocos minutos de narración oral caminando por un túnel, pero sirven de excusa para que, ya cerca del final, Ángela le regale un libro a Chema, La princesa y el enano, basado en un cuento de Oscar Wilde, según dice la portada del libro que se ve en pantalla.

Y colorín colorado, esta historia de violencia y morbo ha terminado.


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Turismo tenebroso en Valle Fértil, provincia de San Juan, Argentina


El viernes 22 de julio de 2011, me alojé durante una noche en la Hostería Valle Fértil, en la localidad homónima de la provincia de San Juan. Es la primera vez, en los muchos viajes que he hecho en la Argentina y en el extranjero, que me pasa algo como lo que les voy a comentar, por eso considero necesario escribir esta nota para alertar a cualquier viajero desprevenido. Aclaro que esto no es cuento, me pasó de verdad, lamentablemente.

A la hostería se asciende por un camino privado desde el pueblo. La recepcionista me dio la habitación single estándar número 54, que es la más alejada del edificio principal donde está la recepción de la hostería y que está tres niveles más abajo por la cuesta del camino privado. Tuve que esperar más de 15 minutos para que viniera alguien a mostrarme donde quedaba la habitación (eran las 12 del mediodía). Había que bajar por la calle vehicular y por tres tramos de escaleras metálicas, así que es mejor que vayan preparados con un equipaje pequeño, liviano y con rueditas, y con buenos músculos, porque los empleados del hotel no están dispuestos a llevarte la valija a ningún lado. Cuando por fin llegamos al tercer nivel inferior, la habitación 54 era la última, la más alejada de todas. Más allá, un espejo de agua.

Cuando la empleada me abrió la puerta de la habitación 54, pensé que se había equivocado y que eso era un depósito reciclado. No llegaba a los tres metros cuadrados, y estoy siendo generosa. Me inundó una sensación de claustrofobia. Eso era un calabozo, un dedal, una cajita de fósforos, como quieran llamarlo.

Pedí una habitación más digna y más cercana al edificio principal de la hostería (una mujer que viaja sola tiene que tomar ciertas precauciones respecto de su seguridad personal). ¿La respuesta? “No hay más lugar”. Cabe aclarar que yo pagué en efectivo la mitad de mi paquete turístico (que incluía esa noche en la hostería de Valle Fértil) en Buenos Aires el 10 de mayo de 2011 (llegué a la hostería el 22 de julio). Desde esa fecha de mayo se sabía que yo me iba a alojar en una habitación single en la dichosa Hostería. No se trata aquí de una viajera que llega sin reserva y sin aviso, y a quien los dueños de la hostería le dan la única habitación que les queda disponible por caridad, para que no pase la noche a la intemperie. No, nada de eso.

Esa única noche que pasé en la habitación 54 de la Hostería Valle Fértil fue de terror. Entrabas en la habitación, dabas dos o tres pasos y ya llegabas a los pies de la cama single, que estaba contra una de las paredes de la habitación. Pegada a la cabecera de la cama, había una mesita de luz con un velador que no funcionaba y, luego, la otra pared (para que te des una idea del ancho del claustro). En esa pared opuesta a la cama, estaba la puerta del baño. Si abrías la puerta del baño, ésta quedaba a tres centímetros del borde de la cama.

Si querías abrir la puerta del placard, no se podía abrir la puerta de la habitación. O sea, había que ser muy meticuloso y ordenado para manejarse ahí adentro. De todas formas, el ingenioso arquitecto que diseñó “eso” se las arregló para meter una silla ahí adentro, en el espacio que quedaba entre los pies de la cama y la otra pared (para que te des una idea del largo del reducto). No sé cómo hizo. Inteligencia local.

El baño seguía la misma tónica claustrofóbica. Entrabas y ya estaba ahí el inodoro. La mochila del inodoro robaba mucho espacio, por eso tenías que entrar con cuidado en el baño, maniobrando por el poco lugar que quedaba entre el inodoro y la pileta (suerte que no soy generosa de caderas). No había bidet porque no había lugar, obviamente. Si te sentabas en el inodoro, podías alzar el brazo izquierdo y ponerlo sobre la pileta del baño. También podías, desde el trono, apoyar la cabeza sobre la pileta del baño y lamentarte: “¡¿Quién carajo me mandó a alojarme en esta celda de presidiario?!” Pero tenías que tener cuidado de no golpearte, porque la pileta terminaba en ángulo recto y afilado (¿por si algún huésped desesperado quería suicidarse para escapar de allí?). Tengo un moretón en el hombro izquierdo que me quedó de recuerdo por una mala maniobra sentada en el inodoro a las cuatro de la madrugada (no tenía otro lugar donde ir).

En el baño no había perchero para colgar la toalla de mano. Claro, no había lugar. ¿De dónde colgabas el toallón? Tal vez de las canillas de la ducha. Acertaron, bañera no había, porque no había lugar. Si querías darte una ducha, abrías la canilla y apoyabas la espalda contra la pared opuesta para poder mojarte, de tan angosto que era el baño. Agua tibia, por supuesto. Allí abajo no llegaba el agua caliente (pleno invierno, aclaro).

Cuando llegué a “mi refugio acogedor” esa noche, después de un paseo durante toda la tarde en Ischigualasto, quise distraerme viendo la televisión (colgada casi del techo), pero no pude. Muchachos, pónganle pilas nuevas al control remoto de vez en cuando. A propósito, si van a esta hostería, llévense algo de ropa fluorescente, así cuando suben o bajan de noche hasta la recepción por el camino vehicular, ningún conductor se los lleva por delante.

Después de cenar en el comedor de la hostería, mucho más arriba, bajé la cuesta y los tres tramos de escaleras, tomé aire y me metí de nuevo en el dedal número 54. Intenté hacer ejercicios de relajación y control mental para poder dormirme, pero lo único que se me cruzaba por la mente era Jack Nicholson en la película “El resplandor”, que cuenta la historia de un tipo que se vuelve loco en un hotel apartado. Creo que esta asociación de ideas habla por sí sola. Si esa es una habitación single estándar, no quiero pensar qué le dan al pobre diablo que se aloja en una económica. Quizás lo ponen dentro de un armario, colgado en una hamaca paraguaya. La inteligencia local da para cualquier cosa. Pero para facturarte, no tienen ningún problema.

A la mañana siguiente, hablé con mi guía, Alfredo de la agencia Money Tur, el receptivo local. Él conocía la habitación 54. Se la daban cuando traía turistas y debía alojarse en la hostería. Me dijo que, para cambiarse de ropa, tenía que subirse a la cama, para tener lugar. Yo no quise cambiarme de ropa. La noche que pasé en la 54 dormí vestida, sin ponerme el pijama. No había lugar para cambiarse cómodamente de ropa, ni ganas tampoco. Por suerte, al lado de la puerta de entrada, había una ventanita (y uso el diminutivo no para expresar afecto, sino para indicar el tamaño de la abertura en cuestión) con un vidrio corredizo, por supuesto porque, una vez más ¡no había lugar!

No hubiera podido resistir más de una noche ahí adentro. No vuelvo a esa hostería ni que me paguen. Si ustedes quieren sentirse como el Prisionero de Zenda o el Conde de Montecristo en sus prisiones, pidan la habitación 54 de la Hostería Valle Fértil en San Juan. Y a los responsables de esa hostería, que pertenece a la cadena hotelera Alkazar de San Juan, les digo que se merecen esta difusión que estoy haciendo. Se la han ganado por mérito propio.

Gabriela Villano

Reflexiones: Zoología y Literatura

“Robinson Crusoe sobrevive al naufragio y encuentra refugio en una isla. A partir de ese momento, su vida se resume en el título de la obra del poeta Hesiodo: los trabajos y los días. En tanto humano, para vivir, Robinson necesita hablar y que le hablen. Es por eso, que antes de la existencia de Viernes, aparece un extraño personaje: ‘Vi abundancia de papagayos’ (...) La voz del papagayo es el espejo de la conciencia de Robinson y de las preocupaciones que lo acucian. (...)


“El hecho de ser nombrado lo ha devuelto a su condición humana. Robinson no lo olvidará y cuando abandona la isla, se lleva al papagayo con él. Roland Barthes escribe en Cómo vivir juntos (hablando) que el diálogo con el papagayo suscita un Tú. (...) ‘Pero es imposible hacerse decir Tú por un objeto. De allí el carácter irreemplazable del loro de Robinson Crusoe: al recibir su nombre se mantiene como persona humana’.


“En su Historia de los animales, Aristóteles también concede al loro, en tanto habla y se embriaga, dimensión humana. (...)


“El loro no sólo habla, sino que cuenta. La tradición oral de los ‘cuentos verdes’ encuentra por la metonimia de las plumas la vía verde con que se los designa en la lengua. Enrique Anderson Imbert en su recopilación Los primeros cuentos del mundo los adscribe al género de la picaresca. (...) Un breve relato recopilado por Imbert sitúa al loro en la tradición de ‘cuentero’ o alcahuete del patrón. Cuentos de un loro famoso en la India es Shukasáptati (‘setenta cuentos’ de un loro). El original se ha perdido y se conservan ediciones muy alteradas; la más vieja en sánscrito, data de varios siglos después que los cuentos fueron compuestos. De todos modos, es anterior al siglo XI.


“Aprovechando que su marido ha partido para un largo viaje, una señora se dispone a salir en busca de hombres que la consuelen, pero un loro la retiene en la casa contándole un cuento; cuando llega al punto culminante ya es demasiado tarde para que la señora salga. Así sesenta y nueve noches. Cuando el marido regresa, el loro cuenta el septuagésimo y todo termina en una fiesta. El loro, cumplida su misión, sube al cielo.


“En ‘Historia del marido y el papagayo’, en Las mil y una noches, se repite la anécdota de la infidelidad. El loro queda vigilando a su ama quien, para engañarlo, ordena a los esclavos que le arrojen lluvia sobre la jaula, que hiciesen con la boca ruidos semejantes al del trueno y que de vez en cuando, ‘a la claridad de una luz amarillenta, diesen vueltas a un espejo a la vista del papagayo’. Cuando retorna su amo y le pregunta al loro por el comportamiento de su mujer, ése le responde que la lluvia, los truenos y los relámpagos le han impedido observar nada. Como el clima es apacible, su dueño piensa que lo ha engañado y termina matándolo. Seguramente en el Río de la Plata se encuentren variantes de esta versión de Las mil y una noches; sólo que esta vez un loro hace de Scherezade, ya no para salvar su cabeza, sino los cuernos en la cabeza de su amo.
(...)
El Bestiario de Indias de Alberto Salas, citando al Inca Garcilazo, lo describe de esta manera: ‘Los españoles llaman a los papagayos con diferentes nombres, por diferenciar los tamaños. (...) a otros mayores que hablan más y mejor que los demás llaman loro’. Lo que diferencia al loro es que habla más y mejor. Esta significación está presente en la expresión ‘habla como un loro’ y este cotorreo designa ese exceso, que puede transformarse en una jerga incomprensible.


“En América este Bestiario de Indias retorna de manera bestial cuando el ‘loro o lorito’ es el soporte de un instrumento de tortura para hacer hablar.(...)


“Los loros hablan y por ello tienen un hombre. (...) El nombre tiene significación lo que también se lee en la novela de Antón Chejov Extraña confesión. (...) La novela de Chejov cuenta la historia de un juez de instrucción que comete un crimen. El loro parece haber presenciado ese crimen y se transforma en la voz de su conciencia. ‘¡El marido ha matado a su mujer!’ La voz del loro repiquetea de manera pesadillesca hasta que el asesino termina matándolo. Pero lo mismo que en el cuento de Flaubert en que un personaje, acusado de matar un loro, se defiende diciendo: ‘No soy un asesino’. Es como si en lugar de matar un animal hubiese asesinado a un ser humano. Es que el loro lo es, porque habla. Antes de que Konrad Lorenz hablara con los animales y la etología se transformara en una ciencia, el loro es voyeur, es testigo, es cuentero porque, como ‘dice’ en Las mil y una noches, ‘no sólo hablaba muy bien, sino que tenía la cualidad de charlar todo lo que se hacía delante de él’”.


Fragmentos de una nota titulada “El loro: ese mártir de su propia voz”, de Luis Gusman, publicada en la Revista Ñ del 28 de febrero de 2009, págs. 12 y 13.


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Dicen los que saben 50

Héctor Pavón le realizó una entrevista a Tomás Eloy Martínez a fines de 2008 y, entre otras cosas, le preguntó lo siguiente:

–¿Cómo fue el tránsito a la escritura?

–Fue el descubrimiento del poder que tiene la imaginación. Le cuento una anécdota. Yo iba a la escuela en la ciudad de Tucumán, y durante los meses de calor nos íbamos a una casa en el cerro con mis padres. Un día, con nueve o diez años, me contaron que había un circo maravilloso en la ciudad. Y yo dije: “Voy al circo y vuelvo a tiempo a casa”. Pero en el circo vi una muchachita, muy flaca, muy pálida, vestida de mariposa, montada de pie sobre un caballo y dando vueltas. Me enamoré. Y se me hizo tarde, y al llegar a mi casa encontré a mis padres desesperados. Tuve una penitencia: no podía leer libros ni podía ir al cine durante un mes. Dije: “Bueno, ya que mis padres no me lo permiten, voy a contarme una historia a mí mismo”. Me inventé una de un chico al cual sus padres castigan y por lo tanto los odia. Se escapa de la vigilancia metiéndose en una estampilla. Y así conocía el mundo y contaba cómo veía las distintas cosas de la vida, cocinas, amores en países extraños. Cuando terminé mi historia, mi madre la leyó y me dijo: “¿Qué es esto?”, y le dijo a mi padre: “Hay que quitarle la penitencia, porque lo que está haciendo es más peligroso que lo que le prohibimos”. Entonces, descubrí que la imaginación tenía poder.

Tomás Eloy Martínez.

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Cuidemos el idioma

ANGELA PRADELLI, IVONNE BORDELOIS Y PEDRO BARCIA ANALIZAN LA VIOLENCIA VERBAL DE LAS ÚLTIMAS SEMANAS (DE JULIO DE 2011)

MAESTROS DEL IDIOMA, PREOCUPADOS POR LA ESCALADA DE INSULTOS Y PALABROTAS.

No hay ni un solo insulto en Medianoche en París. El protagonista, un escritor frustrado, es recogido en un taxi antiguo que lo lleva al pasado, donde la vida es una fiesta. Se encuentra allí con Ernest Hemingway, Scott Fitzgerald, Pablo Picasso y Salvador Dalí, cultores de la belleza de las palabras, las formas y los colores. Woody Allen está detrás de las cámaras de esa ficción. Los protagonistas cruzan diálogos en inglés, francés y español, pero ninguno acude al desborde.

Hasta anoche, la película tuvo, en la Argentina, 250 mil espectadores. El video del Tano Pasman, en cambio, fue visto por cuatro millones de personas. Filmado en su intimidad, este hincha de River putea, carajea y manda a todo tipo de lugares a jugadores, dirigentes, rivales y hasta a sus propios padres. Sus palabras se ensombrecen también de racismo.

¿Por qué la violencia verbal produjo esa atracción? ¿Qué es lo que sucede con el lenguaje de la sociedad? ¿Cuál es el motivo por el cual un cantor que vive de las palabras elige de las peores para expresarse? ¿Por qué vuelan por el aire tantas expresiones envenenadas? “Las palabras circulan y hay mucha gente que puede sentirse ofendida y mucha gente que tendrá que reflexionar hasta qué punto sus palabras ofenden. Las palabras también pueden ser una herida”, advierte la escritora Ángela Pradelli, autora del libro La búsqueda del lenguaje.

EXPERIENCIAS DE TRANSMISIÓN

Ella es una trabajadora de las palabras y todo lo que sabe lo reparte como porciones de pizza entre sus alumnos secundarios. Hay veces que la tabla le vuelve vacía, y ella se preocupa: “En la escuela, hay muchos enunciados que discriminan al otro y estoy hablando de los docentes y los pibes también. Cuando uno plantea esa cuestión como algo a resolver -porque el lenguaje con el que vos hablás también habla de vos-, no lo entienden”.

“El presente es un tiempo donde están todos los tiempos, el pasado y el futuro. Si no reflexionamos hoy sobre el nivel de agresión que sobrevuela, los insultos, el griterío exacerbado del hincha y la reproducción de eso que hacen los medios, podemos quedar atrapados en un pantano”, se despide Pradelli, por teléfono, antes de entrar a ver la película de Woody Allen, que juega con el buen decir y el viaje a través del tiempo.

En este presente, vuelan palabras con el filo de las dagas. Maradona que pide que se la chupen; Fito Páez que siente “asco” por los que piensan distinto; Luis D´Elía que odia “a los blancos” y vincula a los “paisanos” con la corrupción; Hebe de Bonafini que llama “hijos de puta” a bolivianos y “turros” a los ministros de la Corte Suprema; Chiche Gelblung que califica como “sorete humano e intelectual” al filósofo José Pablo Feinmann; las vedettes que se bombardean; panelistas y bailarines que se menosprecian por la condición sexual.

“La televisión ha puesto el insulto de moda. Es una gran cloaca, muy degradante, me da la impresión de que estamos tocando fondo”, señala Ivonne Bordelois, poeta, ensayista y lingüista de 24 quilates. Estudió en La Sorbona y escribió en la mítica revista Sur, pero hace zapping como cualquiera. Es así como vio al Tano Pasman y analizó sus puteadas: “La blasfemia tiene más eficacia en un contexto más llano. Cuando el insulto se generaliza hasta ese punto, se pierde la noción de contraste y lo que se consigue es desfondarlo de eficacia. En catarata, la respiración se vuelve imposible, pero no son puteadas bien puestas”.

“Es cierto -admite ahora- que hay innovaciones: de pronto, este señor famoso dice “la puta que me parió”, yo nunca había oído el insulto a la propia madre. Y me llamó la atención “la concha de tu hermana” repetido varias veces, no sé por qué se apunta a la hermana, cuando el objetivo siempre era la mujer o la madre”.

Madame Ivonne -como la llamarían en la película que nos acompaña en esta nota- considera que el debate político centrado en el asco que siente Fito Páez “es terrible, porque, con tanto griterío, parece un corral de ratas”.

“El que insulta tendría que ver primero desde dónde lo hace. Se dice ‘esto es un asco porque es ineficiente y corrupto’, pero también otros pueden pensar que el que lo dice también representa algo que es ineficiente y corrupto”, agrega.

A Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia Argentina de Letras, le brotaron cinco mil palabras bajo el título El tobogán de la guasada. Aquí las ideas principales: “El poeta latino Juvenal decía: ‘La indignación genera versos’, y él, caliente por los sucesos coetáneos, componía notables sátiras. Dicho de otro modo: en el creativo, la irritación genera obra personal y valiosa; en el mediocre, en el vulgar, engendra insultos, descalificaciones groseras y puteadas.” “Los insultos se suceden concatenados y en trenza. Los medios ejercen docencia: si un DT cae en la brutal grosería de difusión mundial, deja su marca, y otros se van sintiendo habilitados a ensayar su brulote. Vergüenza, por nuestra opuesta realidad, me dio que la hermana Academia de Letras del Uruguay, le diera una distinción al maestro Tabárez por su gobernado e impecable decir”.

“La crispación se transmite, como corriente eléctrica, y más cuando se habla por micrófono encadenado. La reiteración de lo chabacano, si no hemos sido educados en pensamiento crítico para ponerle coto, genera habitud e imitación. Un refrán final: ‘Tanto anda uno con la miel, que algo se le pega’. lo que no dice el refrán es que lo mismo pasa con la brea”.

Por Pablo Calvo. Fuente: Clarín. Más información: www.clarin.com
Semana del 26 de julio de 2011. Gacemail. TEA.

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lunes, 27 de junio de 2011


Gabriela Villano coordina el ciclo:

Colectivo de Cuentos

(Narración oral para adultos)


Diferentes estilos y repertorios para alegrarte la tarde
con cuentos variados.

Sábado 9 de julio a las 18:
Ana María Cherñak, Alejandra del Bueno,
Lili Meier y Gabriela Villano


En Chalmers Resto bar
Niceto Vega 5248, Palermo Soho, CABA.

A la gorra.

Cuentos por el mundo 35

Se encuentra abierta la convocatoria para el III Encuentro Internacional de Cuentacuentos “Cuéntamelo 2011", que se llevará a cabo del 21 al 26 de noviembre de 2011 en Lima, Perú.

Se realizarán funciones itinerantes y talleres. Los interesados en recibir los requisitos para poder participar, escriban a mcuba@britanico.edu.pe con copia a bborja@britanico.edu.pe hasta el viernes 27 de agosto del 2011.

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